EDUCACIÓN: ESPERANZA Y OPORTUNIDAD

IGNACIO GRANDE

Los niños y los jóvenes tienen su vida proyectada hacia el futuro. Compartir la vida con ellos supone un ejercicio continuo de la virtud de la esperanza. Educar requiere tener un permanente sentido de apertura al otro, a los nuevos tiempos, a las promesas de una humanidad mejor. Hablar de Educación es sin duda hablar de oportunidad y Esperanza.

Por desgracia, en muchos casos, nos encontramos en nuestro mundo ante una absoluta e indignante privación de este derecho a muchos menores que viven descartados en una sociedad excluyente. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas, dolorosas e impactantes que nos narran el sufrimiento de tantos niños y niñas abandonados, sin oportunidad de crecer, sin capacidad para acudir a una escuela, sin opción de que alguien les acompañe. Menores a los que se les vulnera por completo sus derechos.

Ciertamente no tienen derecho a la educación todos los jóvenes y los niños y esto es una realidad mundial que ha de avergonzarnos. Sin embargo, nosotros estamos llamados a ser luz y voz de aquellos que no pueden clamar y recordar de manera constante que la educación es uno de los principales derechos de nuestro mundo y en sí misma, un bien para toda la sociedad. En palabras del Papa Francisco, «la educación por tanto es generadora de esperanza. De hecho, la educación es un dar a luz, es un hacer crecer, si se sitúa en la dinámica del dar la vida. Y la vida que nace es la fuente más fecunda de la que brota la esperanza, una vida siempre en búsqueda de la belleza, de la bondad, de la verdad y de la comunión con los demás para un crecimiento común».

Es por ello, tengamos un recuerdo especial hacia aquellos menores privados de educación, privados de esperanza y de oportunidad, y animémonos a realizar cuantas acciones hagan falta, para preocuparnos de todas aquellas situaciones que en nuestra actual sociedad quedan excluidas de la protección y el acceso adecuado a derechos básicos.

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