DE EDITORIALES Y DEMÁS

El editorial publicado el pasado miércoles en la web del Valencia es, cuanto menos, desafortunado

JOSÉ RICARDO MARCH

Guardo en mi biblioteca un precioso volumen, encuadernado en rojo, cuyo lomo reza, sintéticamente, 'Historia del Valencia C.F. 1971-73'. Lo rescaté hace meses de uno de mis paraísos personales, la librería de viejo 'La guarida de las maravillas', en la que, en la misma placita donde Sant Vicent Ferrer realizó su célebre milagro del mocaoret, Julián Lorenzo acumula toneladas de historia de la ciudad en forma de carteles, revistas, periódicos y, sobre todo, libros. A veces, para desesperación de mis acompañantes, dejo pasar allí las horas y me lleno las manos de tinta y polvo. Y, lo confieso, raramente salgo sin un nuevo tesoro.

Un día encontré el mencionado librito en una estantería de la tienda, emparedado entre 'Valencia, ciudad abierta' de José Ombuena y una serie de publicaciones de tema local. Intrigado por su título (no existe, que yo sepa, un volumen que recoja específicamente la historia del Valencia durante esos dos años), lo tomé con la intención de hojearlo. Para mi sorpresa, la pulcra encuadernación custodiaba una colección no completa, pero sí bastante representativa, de programas de mano del club de las temporadas 71-72 y 72-73. Un período de nuestra historia esencial por los acontecimientos vividos tanto deportiva (el subcampeonato liguero del 72 o la primera participación del Valencia en la Copa de Europa) como socialmente (la muerte de Vicente Peris, la inauguración del pabellón de oficinas o la dimisión de Julio de Miguel).

El programa de mano, cuenta mi admirado Paco Lloret en su indispensable 'Mestalla, momentos mágicos', fue una iniciativa que empezó a desarrollarse en la campaña 70/71, en la que el Valencia se proclamaría campeón de Liga y subcampeón de Copa. Respondía a la voluntad de Vicente Peris, gerente del club, de ponerse a la altura, también desde el punto de vista comunicativo y simbólico, de las grandes sociedades deportivas de Europa, en especial de las inglesas. Peris, que había viajado por todo el continente acompañando al Valencia, se prendó de esta iniciativa tras un oportuno regalo de Julio de Miguel (un programa del Liverpool-Everton) y decidió importarla. Hombre de talento y gusto, cuidaba estos y otros detalles al milímetro.

La revista, que se repartía en Mestalla antes de comenzar cada partido, comprendía una veintena de hojas en las que, además de información sobre el partido y el rival, las claves para descifrar el Marcador Dardo y publicidad (que sufragaba la publicación), se incluían secciones de interés, algunas de corte histórico, que permitían al aficionado saber más acerca del club, su actualidad y su pasado.Todas las revistas se abrían, invariablemente, con un editorial escrito por Peris en tono positivo que marcaba la línea del club, reconociendo la importancia de los aficionados y la necesidad de su ayuda para hacer del Valencia un proyecto ganador. «No queremos desprendernos del espíritu humilde que siempre nos ha caracterizado», escribe, por ejemplo, en el programa correspondiente al Valencia-Málaga (6-1-72, 3-0) que abre mi libro. Otro texto ahonda en esa idea de la necesaria cooperación club-afición: «La identificación de la gran familia valencianista con las inquietudes deportivas del Club es siempre importante. Lo es muchísimo más en los momentos amargos (...) Hemos de repetir lo que tantas y tantas veces hemos proclamado con legítimo orgullo: que nuestro público, el público valencianista, es el mejor de cuantos fichajes hemos realizado». Horas después de la redacción de este artículo Peris fallecía de un infarto en el estadio de Mestalla durante un Valencia-Atlético (13-2-72, 1-0).

La lectura de estos editoriales, que, construidos desde la humildad, muestran la voluntad de unir al valencianismo, contrasta con la del agrio texto con el que nos desayunamos el pasado miércoles. Pocas veces encontrará Meriton una respuesta tan unánime y clara a una de sus acciones: sobraba. El Valencia y su afición, con su grandeza, sus aciertos y fallos, ya existían antes del desembarco de Peter Lim y compañía en la ciudad. Pretender capitalizar desde el club la reciente racha positiva, que todos aplaudimos y deseamos que vaya a más, es lógico. Pero hacerlo desde el rencor, imponiendo etiquetas de buenos y malos valencianistas (que algunos interesados llevan años utilizando y que ahora, para sorpresa mayúscula, pasan a formar parte del argumentario de Meriton) es un error clamoroso. Alguien habría de decirle a los rectores del Valencia que ese, el de la división y el enfrentamiento, no es el camino correcto. No creo descabellado recomendarles la lectura de los viejos editoriales de don Vicente Peris. Pongo a su disposición mi modesto librito con los programas de mano de los setenta si así lo desean.

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