E-BIKES

JESÚS REINA

El vehículo eléctrico no para de generar noticias, la última con el anuncio por parte de PSA de preparar toda una generación de vehículos enchufables en 2020. También las grandes ciudades como Madrid, Barcelona o San Sebastián han incorporado la bici eléctrica pública como oferta en su movilidad urbana, siendo las plegables de los particulares las que están ocupando poco a poco las ciudades, incrementándose las ventas en el último año en más de un 60%.

Son vehículos caros pero que ofrecen en el campo del ocio escenas singulares, especialmente con las bicicletas de montaña que facilitan por pista llegar a alturas de vértigo. Pero lo más relevante está en su papel sobre a la movilidad urbana sostenible, permitiendo largos recorridos, autonomías medias de 50 kilómetros, aunque condicionado eso sí, por velocidades no superiores a 25 Km/hora.

Otra de sus limitaciones son los robos, y por ello el triunfo de las plegables en ciudad, pero que obligaría a instaurar también una red de aparcamientos seguros en la vía pública, así como ordenar la disponibilidad de plazas en edificios, y la utilización de locales comerciales en desuso.

Reconozco que mi relación semanal con la gran ciudad me lleva a estar muy atento a los últimos cambios urbanos, pero lo que tampoco me parece de recibo es que desatendamos tanto la movilidad sostenible. Sin ir más lejos, en la capital de la comarca se abandonó durante esta legislatura el proyecto «Cycling Dénia», dejó literalmente de existir, bastante grave porque se podrían haber conformado con aquello a lo que la política nos tiene acostumbrados, a cambiar el nombre del proyecto para que pareciera otra cosa.

Tampoco el estudio de movilidad del nuevo PGE menciona el vehículo eléctrico en cualquiera de sus modalidades, la necesidad de aparcamientos para estos usuarios comprometidos con el medio ambiente, ni el establecimiento estratégico de puntos de recarga. Me temo que el progreso hacia políticas de emisiones cero queda relegado una vez más a la improvisación, y como no, a las recurrentes campañas publicitarias para concienciar al votante.

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