DURO TRAGO

PEDRO TOLEDANO

Esta columna tenía que haber recogido hoy bonitas historias, de las muchas que se viven dentro del mundo taurino, pero que no siempre trascienden por lo que pensamos sea un pudor mal entendido de sus protagonistas.¡Ay si los toreros, que se juegan la vida tan generosamente, fuesen capaces de abrirse un poquito más a los medios de comunicación! En esta ocasión, y gracias a la fraternal amistad que me depara Cayetano, viví y disfruté de cerca esas sensaciones.

Sin embargo, el día, tan bonito como resultó -luego les cuento-, tuvo un final duro, en principio confuso, y finalmente amargo. La muerte de Iván Fandiño, en la plaza francesa de Aire Sur l'Adour, fue conocida en la habitación que en esos momentos compartía Cayetano con su cuadrilla al regreso de Las Ventas, todavía vestidos de toreros, porque el espada quiso que su gente se vistiera como él, en el hotel Wellington, y fue un trago terrible.

Fue su primo, Carlos Canales Rivera, quien se atrevió a enseñarle el móvil que portaba la ya luctuosa noticia. Cayetano, con una serenidad envidiable, conocedor como pocos, no hay que olvidar la muerte de su padre por el toro Avispado, de lo que suponía compartir la noticia con los presentes, pidió silencio para comunicarlo. La reacción fue de incredulidad y asombro. Y cada uno, finalmente arrostró como pudo la noticia.

Quien se hundió profundamente, exteriorizando su gran dolor, fue Iván García. Este extraordinario torero de plata, había militado la temporada pasada en la cuadrilla del torero vizcaíno que acababa de morir. No daba crédito a lo oído. Sus compañeros, Joselito Rus y Alberto Zayas y Cayetano, le arroparon. Imagínense el cuadro. Dolor, mucho dolor.

Las historias que les prometía al principio, forzosamente quedan resumidas solo a un gesto, cuya esencia, sin embargo, ruego que conozcan: Cayetano, que pensaba que lo contratarían el año pasado para San Isidro, se hizo un vestido tabaco y oro, color favorito de su apoderado y tío Curro Vázquez. Finalmente no toreó. Celosamente guardó el vestido, y el sábado le dio la sorpresa, y lo homenajeó brindándole el quinto de la tarde. Sentida torería se llama esa figura.

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