Dunkerque

La película entona su alegato a favor del 'Brexit', pues en ella los soldados franceses son tratados como cobardes

MANUEL VILAS

Acabo de ver la aclamada película 'Dunkerque' del realizador Christopher Nolan, en la que se recrea la histórica batalla de 1940 que mantuvieron los ejércitos ingleses y franceses contra la Alemania nazi. La película es una maravilla visual y sonora. La música de Hans Zimmer, densa y circular, es tan fundamental como las imágenes. Nolan y Zimmer han querido que asistiéramos a la evacuación de Dunkerque como si hubiéramos estado presentes en esos días de finales de mayo de 1940. Y es allí donde se produce la primera falsa sensación de realidad. La visión panorámica de la batalla no la tuvo nadie. Ni los generales británicos ni los alemanes, ni mucho menos Churchill o Hitler, o los pobres desgraciados que allí perecieron. Nolan crea una idea épica de la guerra que es rigurosamente inverosímil.

En ese sentido, 'Dunkerque' es una película belicista, pues construye una estética ampulosa sobre la muerte absurda de los seres humanos. Y es una película que regala al espectador una mirada ubicua, como si fuese un dios. Nolan convierte la guerra en belleza y en materia. Las playas, los barcos, los destructores, el espigón, los aviones, los uniformes, las olas del mar, los agujeros de las balas, la cantimplora, la cabina de un avión, las botas, el combustible de los barcos arrojado al océano son lo mejor de 'Dunkerque'. Mientras veía la película, pensaba en otra película de hace mucho tiempo. Estaba pensando en 'Senderos de gloria' de Stanley Kubrick. Parecía que coincidían.

Pero la película de Nolan, poco a poco, y por causa del guión, se iba deslizando hacia el alegato nacionalista. Y es allí donde Nolan me perdió a mí por completo. Yo no soy inglés. La épica nacionalista inglesa me importa lo mismo que la china o la norcoreana. Y es en ese punto en donde Kubrick y Nolan se separan de manera abrupta e irreconciliable. Nolan no es un hombre fino, al menos intelectualmente. El final de la película reproduce el discurso 'Nunca nos rendiremos' de Winston Churchill, un discurso muy emotivo, pero engañoso, pues detrás de tanta palabra inflamada solo se esconde la nostalgia del imperio británico.

No necesitaba Nolan de semejante retórica vacua y antigua, que arroja la película a los pies de los caballos de la vulgaridad ideológica. Sin embargo, el público que se encontraba en la sala donde vi 'Dunkerque' aplaudió al final. Yo me quedé anonadado. Es el efecto que tienen todos los productos anglosajones: nos hacen creer que somos americanos o ingleses. Pero no, más bien somos europeos. Y la película entona su alegato a favor del 'Brexit', pues en ella los soldados franceses son tratados con desprecio y como cobardes. Francia no cabe en la épica de Nolan, y con ella Europa entera. Esta historia gustará mucho a todos los políticos británicos antieuropeístas y también a la América de Trump. Está hecha para mayor gloria del Imperio Británico. Me hubiera gustado saber qué hubiera hecho Kubrick de haber contado con los medios tecnológicos y económicos de Nolan.

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