FP DUAL: UN PROBLEMA DE MARCA

Saturado de banderas. Que los productos vienen de Oriente, los refugiados del Mediterráneo y las leyes de Bruselas, seguimos en el terreno firme de nuestro ombligo, en el mismo pasado de cuando los nacionalismos, de cuando las lenguas, de cuando los teléfonos se aprendían de memoria. Y a la vanguardia siempre de las soluciones, la escuela. No pidamos a la escuela unión, esa cohesión social que se insulta en las calles y en las redes; pidámosle excelencia.

Y de eso iba el encuentro de la semana pasada en Valencia sobre la FP dual. Esa modalidad de Formación Profesional lo que pretende es que centro educativo y empresa compartan la tarea formativa. No es, como se tiende a pensar o como en ocasiones termina aplicándose, que las horas de prácticas en la empresa se amplían. Va más allá, pues el objetivo es que parte de la formación sea realizada por la propia empresa. El reto es grande por el hándicap de que sean trabajadores no docentes -los tutores- los que transmitan parte del currículo, y el riesgo de formar a especialistas -para dicha empresa- y no a profesionales. Así que lo primero que hay que desterrar al pensar en la FP dual es que es un proceso de selección de personal. Que muchos se queden no significa que ese sea su fin.

La FP dual es una colaboración entre el mundo educativo y el empresarial para dotar a la formación de una flexibilidad y dotación que cuesta conseguir a través de la mera ordenación académica. Traslada a las escuelas las necesidades formativas de nuestro tejido empresarial; traslada a las empresas la responsabilidad de compartir tecnología, conocimientos e innovación a nuestra inversión educativa. Construye, para nuestros estudiantes, entornos reales de aprendizaje.

La modalidad dual de la FP todavía es minoritaria. Posiblemente nunca sea hegemónica en nuestra FP, pero su proyección es mucho mayor que la actual. Requiere para dar el salto un modelo intermedio que permita su expansión a un contexto de PYMES. Pero no sólo. Requiere también un marco regulatorio común, como ya ha anunciado el ministerio. La Comunitat fue pionera en su regulación y tras ella el resto de autonomías. Sin embargo, la fragmentación normativa no ayuda a la expansión de esta modalidad en empresas con presencia en varios territorios, que son las que por tamaño ahora se suman a la FP dual. Es demasiado pedir, como pasa en el ámbito educativo, que una empresa tenga que diseñar un proyecto formativo diferente para cada autonomía.

El otro gran obstáculo, quizás mayor, es la falta de información sobre la modalidad, y que esta tarea comunicativa recaiga, como labor añadida, en el profesorado. Es el docente el que tiene que buscar a las empresas, convencerlas, diseñar el proyecto y buscar y proponerlo a los alumnos. Después, ya sí, su tarea docente propia de dar clase, seguimiento y evaluación.

Hay que ir más allá porque el desarrollo de la FP dual a través de la generación de la oferta no aumentará su presencia en grado exponencial. Hay que dar el salto a crear la demanda, la necesidad, en empresas y familias. Que las empresas vean la utilidad de su participación; que las familias vean el prestigio de sus estudiantes. Será así, desde la presión de la demanda, cuando la FP dual podrá codearse con el resto de opciones de la FP.

Sin embargo, y esto no es exclusivo de la FP dual, la Formación Profesional tiene un problema de marca, pues los objetivos y contextos de sus tres niveles no son equiparables. Es muy distinto el papel recuperador de la FP Básica y la de Grado Medio que la profesionalización formativa del Grado Superior. A efectos sociales de marca, en cambio, todo es FP. Esto pasa por la excepcionalidad española, donde los peritajes se han 'elevado' a grado universitario y la FP Superior se liga estructuralmente a la formación secundaria postobligatoria. Así, en el sistema no se refleja la enseñanza terciaria no universitaria que es realmente la FP Superior. Se tiende, incluso, a compartir los espacios con la Secundaria, cuando los llamados centros integrados están dando un resultado excelente.

La FP, en particular la dual, además, es la mejor herramienta educativa para vertebrar el territorio y luchar contra la desruralidad, ya que los grados universitarios son estudios y perfiles profesionales de cariz más urbano. Quia, para no querer mirar al pasado, volvemos a los aprendices y a las escuelas politécnicas.

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