DONALD TRUMP PRESENTA...

ÁLVARO MOHORTE

Explica Alfred Hitchcock que aprendió lo que era el suspense cuando estaba en la escuela. El modelo educativo británico fue durante siglos uno de los más estrictos y con los procedimientos de castigo más expeditivos. Bajo una concepción de la disciplina muy próxima a la que se aplicaba a la marinería en alta mar para evitar motines por medio del terror a castigos brutales, también el maestro de escuela asumía la condición de capitán de la Bounty y no se cortaba un pelo con los chavales.

Aunque nos imaginamos la chasca y los castigos físicos, no en todos los centros se aplicaban de la misma manera. Recuerda Hitchcock como, por no traer hechos los deberes, la sanción habitual era recibir tres golpes en la mano, ya que al cuarto impacto el miembro estaba ya insensibilizado y no experimentaba dolor... Sí, así se las gastaban los prendas.

Sin embargo, lo que Hitchcock también cuenta a François Truffaut en la larga entrevista que sirvió de base para el libro de este último sobre su maestro es que la sanción no era inmediatamente después de cometerse la infracción.

El reo de unos 10 años conocía la sentencia al ser descubierto en falta, pero con ello se le comunicaba la hora y el lugar en el que se le aplicaría el correctivo. Hitchcock recuerda que la noche anterior la pasaba entre lágrimas y sudores fríos. La conducción al despacho del director de aquel niño gordito y tímido a primera hora del día era un 'via crucis' que terminaba con Alfred en una sala de espera.

En ese cuarto, el afectado no sabía cuánto tiempo iba a tener que esperar hasta que, cumplidas otras obligaciones administrativas del responsable del centro, se abriera la puerta para aplicarle el castigo. Sabía que no habría clemencia y que sería de una intensidad impredecible, al ir cambiando según el capricho, el ánimo, las ganas y la fuerza del ejecutor. En esa espera, el pequeño Alfred empezó a fabular historias... que siempre le salían de miedo, claro, pero también rodeadas de un suspense que no presagiaba nada bueno.

En esa impotente espera del designio 'divino' están buena parte de los exportadores valencianos ante la tensión que se ha ido generando desde el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer nuevos aranceles a las exportaciones europeas, que incluyen la automoción o la citricultura europeas y, por ende, españolas y valencianas.

Aunque los motivos que expone EE UU son de defensa de la producción nacional, lo cierto es que este tipo de decisiones dan votos pero no suelen ayudar mucho a la riqueza del país, ya que sirve para defender sectores ineficientes que obligan a los ciudadanos a cubrir su apuntalamiento hasta que la realidad demuestra que se ha perdido dinero, tiempo y dignidad.

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