DOMINANDO IDIOMAS

Pura vida

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

La desfachatez era su bandera y conseguía alcanzar cotas que lindaban con el arte desplegado por los carteristas y los trileros de antaño. Cuando escribía sus méritos en una solicitud para obtener un trabajo, en el apartado de «inglés» estampaba una cruz en la casilla de «nivel medio» aunque su repertorio de ese idioma, con suerte y según las copas pimpladas, se resumía en Malboro, Michael Jackson, Elvis Presley, apocalipse now, yes, no, ok, my friend y mamarrachadas de ese calibre. Pero no se cortaba. ¿Inglés? Nivel medio. Y se quedaba tan pancho. Sin embargo este alarde de morro lo superaba con el francés. Había memorizado el célebre estribillo calforro de una famosa canción, ese «voulez vous coucher avec moi ce soir», por lo tanto entendía que semejante dominio le autorizaba para enchufar «nivel alto» cuando le preguntan por su conocimiento del idioma de Víctor Hugo. Y tan repancho. Más allá de los ambientes académicos y políticos, trufados de vanidades que son el combustible de la hoguera de fuego fatuo, aquí llevamos décadas mintiendo en los currículums que se mandan a las empresas. Casi todo el mundo, llegado el trance de forjar un pasado cuajado de virtudes y sabidurías, inflaba el menú de una forma escandalosa. Lo curioso es que, los ejecutivos que leen esos documentos saben perfectamente que el personal falsea al alza las muescas de su revólver, con lo cual tampoco prestan demasiada atención. Así pues, nos hemos instalado hace tiempo en una burbuja trolera consentida y tolerada, acaso con ribetes divertidos de picaresca tradicional, porque formaba parte del juego. Pero las burbujas, tarde o temprano explotan, por eso ahora los cargos y carguitos, los enchufados y los que aspiran al enchufe, borran las trapacerías de sus perfiles para librarse de la quema y de la cuchufleta general.

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