EL DOCTORADO DE UNA MARATONIANA

La cantina

Marta Esteban ha dado pequeños saltos para llegar muy lejos. Ahora le espera el Mundial. Y luego, a aprender a Colorado

Fernando Miñana
FERNANDO MIÑANA

Hay pocas pruebas en el atletismo y en el deporte con el misticismo del maratón. Todos los atletas entrenan muy duro, pero nadie, salvo los marchadores, se tiran luego más de dos horas compitiendo. Y para eso, como le ha ocurrido a Marta Esteban, la atleta valenciana del momento, tiene que haber semanas dedicadas a cargar el mayor número posible de kilómetros. Cuando se preparaba para correr en Valencia en noviembre del año pasado, donde firmó, siguiendo los talones de Pablo Villalobos, su liebre, una plusmarca de 2:30.47 -a 3.34 el kilómetro-, llegó a hacer 198 en una semana. Pero ahora le espera el maratón de un Mundial, en Londres ni más ni menos, y quiere hacerlo aún mejor. Así que ha entrenado más duro y ha llegado a los 211 kilómetros en una semana.

Marta, 34 años, volvió ayer de Soria, donde ha estado dos meses bien lejos del calor húmedo de Valencia y de esas noches pesadas en las que es imposible descansar. Allí, igual que hace en Valencia, afronta sola los entrenamientos más exigentes. Así ha forjado su dureza mental. Hablo con ella y casi puedo palpar su ilusión. «Estoy en muy buen estado de forma», anuncia sin titubear. Se ríe de mí, y con razón, cuando le intento sonsacar a qué ritmo partirá de Tower Bridge el próximo domingo a las dos de la tarde (las tres aquí). Y se ríe porque no conoce con exactitud el recorrido, el día que saldrá, qué grupos se encontrará... El maratón es un mundo.

Es un pajarillo de 47 kilos raspados con una resistencia impensable para corredorcillos de medio pelo como yo. Pero más que eso, que también, lo que más me admira de Marta Esteban es que dando pasitos muy pequeños ha llegado muy lejos. Marta es médico. Estudió seis años y luego sumó otros cuatro para especializarse en Medicina Nuclear. Pero el día que se le acabó el contrato, pensó que era el momento de averiguar dónde demonios estaban sus límites en la distancia de Filípides. Y luego, después de entrenarse con Abel Antón, todo un bicampeón del mundo de maratón, y José Garay, un valenciano con buena reputación, decidió que nadie se conocía como ella, que ninguno es médico como ella y que ya tenía el conocimiento para planificarse ella misma.

El pasado invierno vivió unos meses excelsos. En noviembre rebajó su plusmarca en maratón (2:30.47), en febrero la de medio maratón (72.08) y en marzo la de 10 kilómetros (33.39). Sus resultados han atraído a los patrocinadores, como es normal, y eso le permite pensar a lo grande. El día 14, acabe como acabe en Londres, cogerá y se irá a Estados Unidos, a Boulder (Colorado), para incrustarse en el grupo de Brad Hudson. Todo por esa curiosidad insaciable que emerge de esta mujer mitad médico, mitad maratoniana. «Los buenos están en Kenia y Etiopía, pero la ciencia está en Estados Unidos. La mayoría de la gente solo conoce el Oregon Project de Alberto Salazar, pero allí hay infinidad de grupos buenísimos, y a mí el método de Hudson es de los que más me llaman», me explica. Aunque matiza que primero irá quince días con su novio y que más adelante, quizá, si termina de engancharse, puede ir una temporada más larga.

La atleta tiene una cabeza privilegiada. Y trato de azuzar su curiosidad hablándole de los libros que cuentan la historia del jogging, o el running, en Estados Unidos. Le digo que no puede dejar de leer 'Reyes del asfalto', el libro de Cameron Stracher que relata este fenómeno a través de la biografía de Frank Shorter, Bill Rodgers y Alberto Salazar. Prometo regalárselo, pero su cabeza ahora está en Londres y en su futura experiencia en Estados Unidos. Y ya otea el Mundial de medio maratón que se celebrará en Valencia el 24 de marzo del próximo año. Y entonces solo quedarán dos para los Juegos de Tokio, uno de los retos que le quedan.

Marta Esteban ya es la décima española con mejor marca en maratón, pero necesita subir hasta la cuarta, que es mucho subir, si quiere arrebatarle a Mónica Pont el récord autonómico (2:27.53). El maratón va dejando su huella indeleble y cada carrera es un cartucho menos. Nadie es eterno.

¡Qué lejos! Tanto como quedan ahora esas primeras carreras populares, de barrio, de pueblo, que corría impulsado por su padre, Alejandro, de Peñascosa (Albacete), que lleva 14 maratones. Hace años que se separó de su madre, Pilar, de Belmonte (Cuenca), pero Marta no parece muy traumatizada. «Hace años que tengo cuatro padres...».

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