El disparate

J. SÁNCHEZ HERRADOR

Igual que solemos explicar el crimen mediante la locura del asesino descartando algo tan simple como la falta de empatía y la maldad del que mata, cuando nos enfrentamos a cualquier otro hecho ilegal que nos desborda acudimos al disparate para poder situarlo fuera de la razón y de la lógica. Lo que han hecho los separatistas catalanes puede ser un disparate por lo excesivo pero no tiene nada de absurdo. Al contrario, el plan de los independentistas es el punto final a una estrategia completa de desobediencia a la legalidad, de hechos consumados contra el Estado de Derecho y de golpe tumultuario contra la Constitución. Si eso no es sedición se parece mucho.

Los dirigentes europeos pueden mostrar sorpresa, pero la vergüenza democrática de la vicepresidenta del Ejecutivo Sáenz de Santamaría no se comprende. Nadie puede decir que no habían avisado. Algunos llevamos comentando hace meses que nos estaban dando un Golpe de Estado a cámara lenta en nuestra propia cara y aquí continuamos con la doctrina del acto administrativo esperando a que aparezcan las papeletas y las urnas. Supongo que el Gobierno lo tiene todo pensado pero viendo el rostro de incredulidad de algunos es para preocuparse. Por una cuestión menor pueden detenerte pero si te ríes del Tribunal Constitucional, creas una legalidad paralela, te cargas la democracia, publicas en el boletín autonómico el embrión de la república catalana y animas a la algarada recibes una tardía querella por desobediencia, prevaricación y malversación de caudales públicos. Fue Zapatero, el ingenuo mediador al que Maduro tomó el pelo para legitimar la dictadura venezolana, quien derogó el artículo del Código Penal que tipificaba y castigaba con prisión la convocatoria de un referéndum ilegal. Así nos va.

Fotos

Vídeos