Y EL DINERO SIGUE FLUYENDO

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

A Eliseu Climent se le puede acusar de muchas cosas pero entre ellas no está la de ocultarse, disimular o intentar pasar por lo que no es. Él no niega que es un catalanista convencido, un fusteriano de pro, y que trabaja desde hace décadas por el proyecto de països catalans en el que cree con fe ciega y para el que ha contado con generosas subvenciones de la Generalitat de Cataluña. Se estará de acuerdo o no con su proyecto -la inmensa mayoría de los valencianos han demostrado con los hechos y con su voto que están muy lejos de sus postulados- pero no se le puede negar su autenticidad, una virtud que no atesoran partidos que, como Compromís, han acabado aceptando los símbolos valencianos por pura conveniencia electoral, aunque no les gustan, no están en su ADN. No obstante, Acció Cultural del País Valencià ya no cuenta sólo con el dinero procedente de Barcelona. En el momento más dramático y de mayor incertidumbre de la reciente historia de España, cuando hoy puede consumarse el desafío de los dirigentes de una comunidad autónoma para declararse república independiente, el entramado cultural de Climent sigue contando con las aportaciones públicas de la Generalitat Valenciana, de la Diputación provincial y del Ayuntamiento de Valencia, que ha convertido al Centre Octubre (los antiguos almacenes El Siglo, sede de ACPV) en uno de sus principales destinatarios de las ayudas a entidades. Aunque Ribó ha medido bien sus palabras ante la deriva independentista catalana y no ha cometido los errores de sus compañeros de coalición, a la hora de destinar el dinero público de los valencianos no duda en hacerlo llegar a una asociación que no oculta que trabaja para la unidad no sólo de la lengua (catalana) sino de todos los catalanes, categoría en la que incluye a los valencianos. Mientras se niega este mismo dinero a otras entidades a las que se acusa de «secesionismo lingüístico» (es decir, de defender el valenciano como lengua independiente del catalán), como Lo Rat Penat o, en menor medida, la Real Academia de Cultura Valenciana, el secesionismo político catalanista es premiado. Tampoco hay que extrañarse, por otra parte, si tenemos en cuenta la frecuencia con la que Compromís, Podemos y hasta el mismísimo PSPV hacen uso del Centre Octubre para todo tipo de actos, como si fuera su segunda casa. Mientras en las calles crece el clamor contra los nacionalismos periféricos que pretenden dinamitar el régimen del 78, la Constitución, el Estado autonómico y con él la unidad de España, Ribó hace como que no se entera, sigue a la suya, ni siente ni padece, preocupado de los asuntos que a él de verdad le preocupan, como la alimentación sostenible (por la que es capaz de viajar a Noruega), y mantiene abierto el grifo a una entidad catalanista.

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