Lo difícil y lo imposible

Más dura será la caída

Es imposible predecir con éxito qué agresores detenidos o condenados por maltratar a su pareja van a intentar asesinarla

VICENTE GARRIDO

El homicidio de hace dos días de Elda fue particularmente traumático para el niño de tres años que tuvo que ver cómo su madre moría a manos de su padre, un hombre rechazado por su pareja a causa de su violencia. Él ya tenía una orden de protección, y anteriormente ya se la había saltado, razón por la que fue detenido y llevado ante el juez, que lo dejó en libertad. Esta vez él sabía que ya no iba a volver a presentarse en un juzgado. En ese día tan trágico iba a acabar con todo. La joven madre fue trasladada al hospital, donde ayer por la tarde murió, y el asesino se suicidó. Una vez más la gente se pregunta: ¿podía haberse evitado este homicidio?

Hace dos semanas participé en unas jornadas organizadas por la Jefatura Superior de la Policía Nacional de Valencia, donde se analizó con mucho rigor la violencia contra las mujeres. En mi ponencia me referí a unas cuestiones que creo que son relevantes aquí. La primera es que es imposible predecir con éxito qué agresores detenidos o condenados por maltratar a su pareja o expareja van a intentar asesinarla. Eso es algo que no sabemos hacer, no tenemos suficiente conocimiento para realizar con éxito esa tarea. El resultado de ello, por duro que resulte, es que si el sujeto se encuentra en libertad (como suele ocurrir en muchos casos, porque los delitos no son tan graves como para que esté en prisión preventiva), si quiere matar, nadie se lo podrá impedir.

La segunda idea es que sí se puede mejorar la supervisión de aquellos casos donde se estima que hay un riesgo grave de violencia. Pero téngase presente que, por razones estadísticas, para incluir a aquellos que realmente son peligrosos, el número de sujetos considerados de este modo (y por consiguiente sujetos a vigilancia) tiene que ser extraordinariamente superior, lo que exige unos recursos que hoy no existen. La tercera idea complementa a estas dos: dado que solo un tercio de las víctimas asesinadas había presentado una denuncia, en la mayoría de los homicidios de género la justicia no pudo intervenir de ninguna forma, y la mujer no recibió ningún tipo de protección.

Es imposible predecir quién va a matar, por las razones expuestas, pero hay cosas difíciles que sí podemos hacer (la dificultad viene del presupuesto que ello implica). Por ejemplo, animar a las mujeres a que, en vez de denunciar, se pongan en contacto con profesionales de atención a las víctimas, quienes al conocer su caso podrían ayudarlas. Ello fomentaría las denuncias. Y en segundo lugar, utilizar a los miles de graduados en criminología en toda España y convertirlos en un cuerpo auxiliar de la Justicia bajo la tutela de la Policía en la supervisión de los sujetos considerados más peligrosos. A corto y medio plazo, poco más se puede hacer, salvo enviar a la cárcel a la mínima violencia, pero eso no es posible, por razones obvias. La pelota está en el tejado.

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