Dientes, dientes

Arsénico por diversión

En el caso valenciano, la doctrina que acuñara Isabel Pantoja, pareció funcionar con más naturalidad

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Me pregunto si Pedro Sánchez usará férula para los dientes pero, si no lo hace, después de esta semana, empezará a pensárselo. No es que padezca bruxismo, esa tendencia a apretar los dientes durante el sueño que deja doloridas la mandíbula y la cabeza, sino que el esfuerzo por sonreír que le hemos visto estos días tiene que haberle pasado factura. Ya le sucedió aquí en Valencia aunque, por lo visto, el pacto que han logrado unos y otros le daba motivos para relajarse lo justo. Nada que ver con Andalucía donde tenía a su rival recibiendo el apoyo del partido delante de su oponente.

Allí, Susana Díaz le lanzó un dardo envenenado para tocar el corazón de los parroquianos: no me hagas elegir entre tú y él. Un clásico de las novelas románticas y los boleros de Armando Manzanero. En este caso, la baronesa del PSOE andaluz se refería a elegir entre el partido y Andalucía. Cosas de lealtad, aclaraba. La frase era un misil de Kim Jong-un a la línea de flotación de su «nación de naciones». Ella se posicionó con su tierra, como es lógico. En ella gana; en el partido, no. Lo que no terminó de aclarar es en qué momento dejó en stand-by su pasión por Al-Andalus cuando se postuló para dirigir el PSOE nacional.

En el caso valenciano, la doctrina 'dientes, dientes', que acuñara Isabel Pantoja, pareció funcionar con más naturalidad, quizás por el cielo que me tienes prometido, pensaría Puig. Porque su arranque con la España nación de naciones, de nacionalidades, de nacionales y hasta de nacionalizaciones fue un arrebato Puigdemontero que habrá dejado en shock a más de uno entre sus socios de gobierno. No parece que sea la mejor opción habida cuenta de que Compromís está en la Generalitat por el PSPV, no por un aluvión imparable y mayoritario de apoyos populares. Por eso el intento por ocupar su espacio puede dejarle sin opciones aunque crea lo contrario. El PSPV ha demostrado en estos años que su electorado es como esa manta que cubre la cama lo justo, sin caer a los lados. Si uno tira para la derecha, deja destapado al otro y si es ese otro quien tira hacia la izquierda, deja helada a su pareja. Así, si Puig intenta ganar terreno fagocitando a Compromís, sus votantes moderados no nacionalistas puede que se sientan incómodos. Sucede algo similar, según publicaban ayer algunos sondeos, con el propio PSOE a nivel nacional. Sus votantes no se convencen de una posible alianza con Podemos y prefieren con Ciudadanos. Es el bloque indeciso que se encuentra en el centro y se mueve a un lado o a otro según las circunstancias. La ampliación llega por ese espacio gris entre las dos posiciones mayoritarias. Los extremos tienen un techo y lo han demostrado durante décadas trayectorias como las del PCE o IU. En Valencia ocurre lo mismo con el nacionalismo que se sitúa en ese punto, pero quizás Puig tenga la mirada puesta en otros lares y los dientes, dientes, dispuestos a sonreír.

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