Diálogo

La gente, el domingo, quería ir al Cementerio y acababa dando tumbos: había, de nuevo, una carrera

F. P. PUCHE

Quisiera señalar una vez más que en la ciudad hay muchas personas, desde luego mayores, que el domingo de buena mañana toman el autobús sin haberse enterado del calendario de jaranas móviles, que cada día son más y más en la ciudad.

Sí, quisiera señalar que hay muchas personas que tienen que estar a las nueve en punto en el hospital La Fe, para cuidar un enfermo, y que la ciudad alegre y confiada, esa Valencia moderna y guay de las carreras, se lo impide sin haber hecho lo que hay que hacer, que es informar cabalmente de todos los cortes de servicios públicos que se producen.

Quisiera contar, por ejemplo que el domingo vi subir al autobús a una señora que nunca ha tenido teléfono móvil, ni piensa tenerlo, que cuando el vehículo ya llevaba dos kilómetros de desviación de su ruta se dio cuenta de que no había parado en la Casa de los Caramelos y entonces se quejó, se puso nerviosa, quiso bajar donde no se puede, le contestaron mal y acabó medio llorosa y resignada, confusa y sin entender el mundo, sentada en el fondo, viajando por el barrio de Mestalla cuando ella quería ir a la Virgen.

La dijeron desabridamente que había una carrera. A ella y a dieciséis personas más que consultaron al conductor. Y es que, claro, como esa idiotez del twitter la tiene quien la tiene, la ciudad resulta que se ha hecho enemiga de los viejos que no se enteran de que el domingo, los jóvenes, los guapos, los modernos, celebraban la RunCancer, una de las cien carreras de la ciudad corredora, y que en la Alameda había marxa nórdica, patinada e incluso una spinning master class... que tiene huevos.

¿Sabe alguien, en el Ayuntamiento y en las federaciones deportivas, que el domingo ya hubo docenas de personas que tomaron un autobús para ir al Cementerio y acabaron bajándose escocidos del autobús en otra punta de la ciudad? Yo los vi con las varitas de nardo asomando de la bolsa de El Corte Inglés... y me dio rabia. Media mañana, de aquí para allá, con el pulverizador y los trapitos, dando tumbos, asustados de que haya alguien que les quiebra la rutina y no tiene la compasión de avisarles.

Que no, chatos, que no... Que esto, señores de las carreras y mandamases del Ayuntamiento, no se organiza así. Que ya que somos capaces de llenar la Alameda de fiesta y alegría en la lucha contra el cáncer hay que dedicar presupuesto, mucho dinero, a poner anuncios de pago en los periódicos y en las televisiones; y carteles bien visibles en las paradas del autobús. Porque no se puede gobernar, ni festejar nada yendo los unos contra los otros; y porque en Valencia se está celebrando carrera tras carreras, y chorrada tras chorrada, a repelo de una cantidad creciente de personas.

Quizá es porque falta comunicación. O porque el diálogo, el invento de la temporada, viene con forma de embudo.

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