DETECTIVES ANÓNIMOS

ESTHER ASPERILLA

Había un despacho de detectives privados puerta con puerta con la oficina en la que trabajaba en Valencia. Cuando un día una compañera me dijo que era a eso a lo que se dedicaban me quedé muerta. Yo hubiese jurado que era una asesoría. Tanto por la oficina como por sus integrantes, que tenían pinta de todo menos de detectives.

Entrar en ese despacho era como viajar de vuelta a los 80. Trabajaban entre cuatro paredes salpicadas de gotelé amarillento, en una sala que pedía a gritos una mano de pintura. Sin aire acondicionado. Solo cabían dos mesas. En la más próxima a la puerta se sentaba el, ahora lo sé, detective. Paco, se llamaba. Debía rondar los sesenta. Tenía pinta de contable afable y aire más bien distraído. Un tiburón con la boca abierta a punto de atacar le amenazaba desde su fondo de pantalla. Frente a él, también me enteré por la misma compañera, su secretaria y esposa.

Lo curioso es que de todas las veces que pasé por delante de su oficina, nunca atisbé a escuchar una charla remotamente interesante. Más bien lo contrario. Retazos de conversaciones tediosas. Llamadas sobre seguros. Papeleo. Burocracia. Es lo único que acerté a oír. Y no me movía el afán cotilla sino que en verano su puerta y la mía, perennemente abiertas, se comunicaban. Pero eso sí. Desde que supe a qué se dedicaban no pude dejar de imaginármelo a él encerrado en un coche haciendo guardias por la capital valenciana. Lo veía allí, agazapado, esperando reunir pruebas de la infidelidad del banquero o de los negocios truculentos del político de turno. Fundiéndose con los transeúntes de la urbe y rezando por que no le descubrieran en sus pesquisas.

Aunque no debía ser complicado para él. Tenía una apariencia tan normal que sería la última persona que piensas que te vigila aunque supieras que alguien lo hace. Nada que recuerde a Sherlock ni a Poirot. Nada que ver tampoco con Dupin ni con Marlowe. Supongo que los mejores profesionales, los héroes reales, son simplemente así. Se llaman Paco o Juan. Y son anónimos.

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