Un desvío peligroso

Ninguna mayoría parlamentaria puede anteponerse a la acción de la Justicia

IGNACIO GIL LÁZARO

Quede dicho de antemano. Detesto la corrupción venga de donde venga. Sin embargo, afirmo que el pasado jueves Les Corts Valencianes vivieron una sesión vergonzosa. Repudia a los mas elementales principios de ética y conducta democrática oír al portavoz del PSPV llamar desde la tribuna «molt miserable» a un ciudadano sobre el que no pesa ninguna sentencia aflictiva ni está procesado en la causa que estos días se ve en la Audiencia Nacional. Da igual que el insulto se dirigiera al ex presidente Camps o lo hubiera sido al lucero del alba. La cuestión es que en un Estado de Derecho la inocencia o la culpabilidad solo la determinan jueces y magistrados en el marco del proceso correspondiente y quien no respeta eso viola el espíritu de garantías individuales y división de poderes que sostienen el armazón jurídico de la Democracia y su filosofía última. Que por contra Les Corts hayan montado un circo chequista promovido por Compromís al que ningún grupo parlamentario de la oposición se enfrentó claramente con su voto da cuenta tanto de la catadura autoritaria de los unos como de la bajísima solvencia intelectual, la falta de liderazgo, el despiste novato o los muchos complejos que amasan los otros. Una carencia penosa cuando se trata de defender valores fundamentales ante esa izquierda tripartita que sigue creyéndose dotada de una intocable superioridad moral para hacer lo que le venga en gana por encima de cualquier límite. Luchar contra la corrupción es deber de primer orden que no cabe reducir a un uso torticero según convenga en cada caso a fin de tratar de acorralar al adversario político. Lo sucedido esta semana en Les Corts es por tanto otro ejercicio de hipocresía que implica a la vez un desvío peligroso porque ninguna mayoría parlamentaria puede anteponerse a la acción de la Justicia y establecer diatribas acusatorias por hechos de naturaleza penal ni siquiera circunscritas a condenas en términos declarativos. No es nadie el señor Mata para decidir a su antojo quién debe ser merecedor de una medida de reprobación pública por supuesta comisión de delitos sin que previamente la 'verdad' haya quedado establecida a través de sentencia firme. Deslizarse en sentido opuesto como han hecho Les Corts entraña graves riesgos para el equilibrio del sistema al invadir el monopolio constitucional de los jueces como únicos facultados para indagar y decidir objetivamente en estricta lealtad a la Ley. Aburre pues comprobar que a estas alturas los partidos en conjunto aun no se han enterado que su discurso contra la corrupción solo tendrá credibilidad cuando deje de ser una expresión hipócrita sujeta de continuo al manejo de afanes sectarios. Dar consideración de veracidad a la declaración de algunos procesados que tienen derecho a mentir en su defensa y a partir de ahí convertir Les Corts en patibulo apesta a Robespierre. Frente a eso yo prefiero sin duda reivindicar a Montesquieu.

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