El destino inesperado

CÉSAR GAVELA

De los territorios de la antigua Corona de Aragón, hay uno que vive tiempos de loca turbulencia, otro que coquetea un poco con ella, y dos que mantienen la cordura y la ley. La geografía delirante es la de Cataluña obviamente. En cuanto a la región que coquetea, las Baleares, está regida por una socialista que más parece del ramo soberanista. Algo nada sorprendente en un PSOE que sigue sin aunar un discurso creíble y coherente para toda España. También por eso Pedro Sánchez no repunta en las encuestas, ni siquiera cuando Podemos baja. La dirección socialista actual navega bastante a la deriva; lo que tampoco es una sorpresa.

De las dos regiones de la antigua Corona, ambas con presidente socialista, Aragón ha sido la más contundente en la defensa constitucional. La más nítida a la hora de denunciar las falacias e insensateces de sus vecinos del este. De esos políticos separatistas que creían que cargarse al estado era muy sencillo, y, que además les iba a salir gratis. Políticos presuntamente delincuentes que ya van asumiendo que pasarán largos años en la cárcel. Porque con el viejo estado español no se juega. Aunque pareció que sí durante bastantes años. Ese estado que pudo estar más o menos desaparecido durante largo tiempo en Cataluña, pero que cuando las provocaciones alcanzaron su cénit de insolencia y ridiculez a un tiempo, mandó al diablo de un manotazo legal a la parafernalia separatista-étnico-supremacista.

En lo tocante a la Comunitat Valenciana, hay que reconocer que sus dirigentes más sensatos, cumplieron con su obligación constitucional. No lo hicieron con entusiasmo, tal vez por no incomodarse entre socios, pero no se salieron del guión democrático. En cuanto a los otros líderes del conglomerado gobernante, es evidente que tienen en sus filas a personas proclives a la destrucción del estado, que es la meta final del secesionismo; compartida con otros populismos. Es decir, hay en los altos despachos de algunas consellerias dirigentes que estarían muy contentos si el proyecto secesionista se impusiera. Y es que en el ejecutivo valenciano hay defensores de la Constitución, tibios ellos, que coexisten con políticos crípticamente partidarios de la unión con Cataluña. Y debido a ello, muy probablemente, no es posible articular una campaña publicitaria, de alcance estatal, que realzara una realidad hoy más oportuna y conveniente que nunca: que la Comunitat Valenciana es una excelente alternativa cívica, económica, social y cultural frente a los hechos gravísimos que se han sucedido en Cataluña en los últimos años. Que esta tierra es una opción más que interesante para empresas, gentes y empeños que cada día lo tienen más complicado en el Principat. Y que, de paso, descubrirían Valencia, a la que tal vez ignoraban o minusvaloraban. Eso dicen los que van viniendo: que están encantados de habernos conocido.

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