El destarifo de la V-21

Va de bo!

Los miembros del tripartito no deben haber soportado muchos atascos a la entrada de Valencia si tardan años en descubrir que lo que hay junto a la autovía es huerta

María José Grimaldo
MARÍA JOSÉ GRIMALDO

Perpleja. Y no sólo por Cataluña, que también. Así es como sigo desde que saltó la noticia el pasado 25 de octubre. El tripartito que gobierna el Ayuntamiento de Valencia ha pedido a Fomento que paralice una inversión de 30 millones de euros, como si nos sobraran, en la ampliación de la V-21.

Ni los diez años de espera de una de las infraestructuras más reivindicadas, ni los 85.000 coches al día que la transitan ni los atascos continuos y el embudo que padecen para acceder a Valencia miles de conductores han impedido que València en Comú, Compromís y PSPV decidan ahora, en contra de lo que aprobaron hace dos años, que ya no apoyan la ampliación.

Lo que se llama tener criterio. Sobre todo, Compromís, que presentó enmiendas en el Senado y el Congreso para obtener fondos para ejecutar una obra que desde octubre rechazan.

Pero no sé qué causa más perplejidad. Si el rechazo, o los motivos para justificarlo. Alega en su moción el tripartito que la ampliación de la carretera afectará a 80.000 metros cuadrados de huerta. ¿De verdad no se habían asomado nunca a la 'voreta'? La huerta que ahora descubren lleva ahí toda la vida. Lo saben bien los conductores que a diario quedan atrapados en el interior de sus vehículos.

Curiosa esta repentina preocupación por la huerta cuando la revisión del Plan General mantiene la recalificación de más de 600.000 metros cuadrados, casi ocho veces la superficie afectada por la V-21, en La Punta. Y que el plan de participación pública, eso que tanto gusta al tripartito, del estudio de integración paisajística se quedara en su día sin respuestas. O que el proyecto no fuera rechazado por institución alguna mientras estuvo en fase de alegaciones.

Pero aún hay más motivos esgrimidos para intentar justificar el destarifo que supone pedir que se paralicen unas obras justo cuando van a empezar y después de haber tenido diez años para pronunciarse. Diez. Los mismos que se retrasarían los trabajos si se frena el concurso de adjudicación para estudiar otras alternativas de trazado.

A saber: que el dinero se destine a otras actuaciones más acordes con el modelo de movilidad sostenible que plantea el gobierno municipal. ¿Intercambio de cromos con un ministerio? ¿Quizá para construir más carriles bici? ¿Para que haya tramos en Valencia en los que sean ocho y no cuatro, como ya ocurre, los que discurran en paralelo? ¿O para peatonalizar del todo la plaza del Ayuntamiento sin consensuarlo ni con sus socios de gobierno?

¿Y qué hacemos con los contratistas? ¿Qué seguridad jurídica tienen las empresas si presentan ofertas para una obra y se cambian las reglas del juego al final de la partida? ¿Y con los 420 empleos directos y los 60 indirectos que creará la ampliación de la V-21?

Alcalde, estate tranquilo, le habrá dicho Grezzi a Ribó. Protestan, como la CEV, porque son todos de derechas. Más aún, de extrema derecha.

De los miles de conductores que padecen desde hace años colapsos interminables y una siniestralidad alarmante mejor no hablamos. Eso les pasa por elegir su vehículo privado para acceder a Valencia por una autovía en lugar de la bicicleta o el transporte público aunque casi no exista en la zona.

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