Despedidas difíciles

FERRIOL MOYA

No son fáciles las despedidas. Ni cómodas. Entiendo perfectamente a quienes son incapaces de romper una relación, de poner fin a una amistad tóxica o de despedir a un subordinado. Me cuesta más de comprenderlo cuando se trata de un cargo público que cobra un sueldo precisamente por desempeñar una responsabilidad, y que retrasa conscientemente o incluso descarta tomar decisiones drásticas con quien no está cumpliendo con su papel de servidor público. No voy a dar nombres, pero se me ocurren unos cuantos. Encuentro razones más que sobradas en el Palau de la Generalitat y en la Diputación de Valencia para que sus máximos responsables adopten medidas contundentes con algunos de sus altos cargos, sean o no de su propio partido. No lo han hecho hasta la fecha, y no parece que lo vayan a hacer a escasos doce meses para que arranque la campaña electoral. Esa consigna de 'todos quietos' que tanto gusta, el miedo a que se hable de 'crisis', y en definitiva la propia inseguridad, construyen esa política de 'patá palante' que convierte la debilidad del enemigo, en este caso el PP valenciano, en el único discurso. Discrepo. La gestión del Consell o la del gobierno provincial no es mejor porque media cúpula del partido que lideró Francisco Camps vaya a sentarse en el banquillo. Las colas no van a desaparecer de los centros de salud ni la improvisación de los colegios por más Gürtel que vayamos a ver y oír en los próximos meses. Ni el amiguismo en la gestión del área de Cultura de la Diputación va a corregirse. Se taparán, claro está, con confesiones como las de Correa o las de los empresarios implicados, ávidos de buscar cómo reducir su posible pena. Pero no resolverán ninguna de las irregularidades que detectan los informes de la Sindicatura o de la Intervención en la gestión actual. Imagino a la dirección del PP valenciano asistiendo a este escenario, y presumo que habrá cierto debate interno respecto a cómo afrontarlo. La corrupción puede darse por amortizada, pero difícilmente Ciudadanos no continuará su senda ascendente mientras excargos populares sigan su tránsito ante la Justicia. De manera que la discusión pasa más por el qué hacer, por cómo responder a unos meses objetivamente delicados desde el punto de vista de la imagen. Desde esa óptica se entienden las prisas de Bonig porque Rajoy salga del quietismo y ponga en marcha el proceso de designación de candidatos electorales. Y aún parece poco. Me cuesta creer que el PP valenciano se vaya a limitar a sacar el paraguas y esperar a que escampe la tormenta, con independencia de que habrá que jugar fuerte para lograr algo de éxito. Quedarse quieto, no actuar ante la adversidad, es la única manera de garantizarse la derrota. Como con las despedidas.

Fotos

Vídeos