Desestructurar para vertebrar

FERRAN BELDA

Cuesta de creer que los impulsores de la ley de delimitación del territorio valenciano en comarcas actúen movidos por la experiencia en otras comunidades autónomas, como aseguran. Por un lado, porque sólo cinco de ellas tienen comarcas administrativas reconocidas oficialmente y únicamente en una de ellas, Cataluña, las hay que estén a caballo de varias provincias. Todas las demás, empezando por el País Vasco, cuyo nacionalismo es provincialista desde los tiempos de Sabino Arana, y terminando por la otra ‘nacionalidad histórica’ (sic), léase Galicia, encuentran acogedor el modelo territorial de 1833 que tantos sarpullidos provoca entre nuestros ‘maulets’. Y por otro, porque dichas experiencias son cualquier cosa menos ejemplarizantes. ‘Racionalizar territorialmente’ el País Vasco llevó al PNV a crear 20 comarcas, una de las cuales es del tamaño de cualquier término municipal valenciano mediano. En Aragón, en cambio, como tienen más tierra que gente, lo hicieron al revés. Fundaron una, la de Cinco Villas, casi tan grande como Vizcaya y Guipúzcoa juntas. Aunque lo más chocante no es eso. Lo mejor es que como son hijuelas de la Diputación General de Aragón y en el vocabulario de cualquier gestor público no existe la palabra morigeración, ¿qué dirán que llevan haciendo desde hace meses? Lo mismo que Vicent Soler -importador del señuelo-, Puig y hasta M. Alcaraz. Proclamar a los cuatro vientos que son capaces de gastar más de lo que les dan, como si no fuera evidente. Con la salvedad de que para los dirigentes comarcales aragoneses el malo de la película no es Madrid. La mala es Zaragoza. Detalle en el que dudo mucho que hayan caído los partidarios de desestructurar la Comunidad Valenciana para ver si así la ‘vertebran’ de una puñetera vez. De otro modo no atribuirían el inicial rechazo a la recomposición del mapa político autonómico a una confirmación (¡!) de la vocación comarcal del país (o reino). En lugar de interpretarlo como lo que es: un deseo expreso y claro de que no creen problemas donde no los hay.

De donde seguro que no pueden haber extraído una sola enseñanza aprovechable los promotores de esta propuesta de ley es de Cataluña. Más que nada porque aquello es el castillo de Kafka. Posee 7 niveles 7 administrativos, no siendo el menos complejo el de las comarcas, ya que, a las diseñadas en 1936, se le añadieron tres en 1988. Luego se modificaron los límites de algunas de ellas. Y en los últimos años se han creado dos más, hasta totalizar 43, con sus correspondientes ‘consells comarcals’. Échenle sueldos. El Moianès (13.000 habitantes), y el Lluçanès (8.000), cuya constitución se produjo en contra de la voluntad de 5 de los 13 pueblos de que consta. Luego están las veguerías. Siete se crearon en 2010, pero como no sólo Javier de Burgos provocó descontentos, van ya por ocho. Y lo que te rondaré, tango, porque la pugna entre Manresa y Vic no cesa. Y por último la independencia, aunque sea de barrios y pedanías.

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