DESCORTESÍA

MANUEL ALCÁNTARA

Ni el Ayuntamiento de Barcelona, ni el presidente del Parlament, ni la Generalitat, participaron ayer en los saludos protocolarios al Rey. Fue una manera de expresarnos a todos que hasta los genios se equivocan y Cervantes exageró bastante al decir que Barcelona es archivo de la cortesía. La tienen también archivada que no se la enseñan a nadie. Las tres grandes instituciones demostraron de ese modo su rechazo al papel del Rey, con la excusa de las cargas policiales del referéndum ilegal del 1 de octubre. Cataluña insiste en demostrar que son inagotables las formas de no entenderse y la alcaldesa, Ada Colau las está ensayando todas. Lo que le exigen a Felipe VI es no es haberse mostrado neutral tras las cargas policiales, que es una manera de intentar la rectificación del pasado, que por esencia es irreparable. No participar en el saludo protocolario a Su Majestad se ha convertido en una forma de disidencia, después de haber ensayado todas las demás. «Una cosa es el respeto institucional y otra la pleitesía», ha dicho doña Ada, que distingue muy bien las dos cosas, hasta el punto de quedarse con la que más le conviene.

El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, multiplica su presencia en la comunidad catalana y le aplica el remedio que mejor entienden: darle más millones de euros para inversiones en infraestructuras y multiplicar su presencia en esa comunidad insaciable, porque su sed no es únicamente de justicia. El plantón al Rey, al que Colau y Torrent se han negado a recibir en el Mobile Congress, anuncia otras movilizaciones. La falta de apoyos para aprobar el presupuesto es la más importante, ya que los problemas de dinero se resuelven con más dinero, que es precisamente lo que más nos falta. Ser pobre es cómo ser extranjero en el propio país y Cataluña se resiste a las dos cosas, después de buscarlas.

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