Desconexión a la valenciana

Sala de máquinas

No estamos ante un error, estamos ante una maquinación para imponer un modelo ideológico, vulnerando la ley si fuera necesario

Julián Quirós
JULIÁN QUIRÓS

Publicado en la edición impresa del 30 de julio de 2017.

Podemos recordar aquella exitosa camiseta negra de Mónica Oltra con la cara de Paco Camps impresa a color y la leyenda ‘wanted’, en los tiempos en que el expresidente rehuía a la prensa ante los reveses judiciales. Ahora nadie se ha puesto una camiseta con el rostro de Vicent Marzà y la palabra ‘wanted’, pese a que el conseller dio la espantada en cuanto el TSJ derrumbó el castillo de naipes en el que ha convertido la educación. El alto tribunal acaba de anular parcialmente su decreto lingüístico y ha dictado un auto para volver al modelo anterior, también ha obligado a devolver aulas de bachillerato a varios centros castigados por la administración y antes archivó las denuncias de Compromís contra los pagos a centros concertados y a profesores de religión. Puede colegirse como poco que el conseller Marzà, y su leal escudero el socialista Miguel Soler, no van sobrados de pericia jurídica. Pero en realidad no estamos ante un error, sino ante una maquinación para imponer un modelo ideológico, vulnerando incluso la ley si fuera necesario. Y lo es. Por eso llevan semanas intentando burlar la acción de la justicia, negando que las decisiones de los magistrados impliquen alteración alguna en un decreto suspendido y anulado por los tribunales; asegurando que sólo afectaba al primer curso de Infantil cuando más de doscientos colegios variaron su itinerario pedagógico a raíz de una normativa que ha sido declarada discriminatoria contra los alumnos que estudian en castellano, al privarles de igualdad de oportunidades a la hora de aprender inglés. El conseller Marzà y su segundo Soler (el valido de Puig en el departamento) han vulnerado derechos fundamentales, según el TSJ; se dice pronto. Socialmente, quedan desacreditados.

Señor García

La prueba de que el desatino en Educación no ha sido casual o improvisado, sino algo que tenía que pasar en función del registro íntimo de sus responsables, nos la proporciona el propio Marzà. Del que sabemos toooodo. Desde que es conseller guarda silencio, incluso en un ataque de astucia borró sus tuits más comprometedores justo antes de ser elegido, pero no pudo eliminar todo el rastro de su pensamiento, unas ideas que de partida lo inhabilitaban para ocupar el cargo. Conviene recordar su respaldo a la independencia de Cataluña, expresando el deseo de que Valencia le siguiera los pasos, incluso saltándose las leyes democráticas, incluso convocando en Valencia una consulta como la que promueven Junqueras y Puigdemont. Dijo Marzà durante casi catorce minutos de entrevista en Radio Terra el 11 de septiembre de 2014: 1) «los països catalans son una realidad, no sólo cultural, también política, e irá a más»; 2) «sin Valencia no hay independencia, y sin desobediencia tampoco hay independencia»; 3) (catalanes y valencianos) «somos compañeros de nación; 4) «en el País Valencià también hablamos catalán». Aquí tenemos a un político que dice con franqueza lo que piensa porque todavía no ocupa un cargo público y no precisa disimular; ni caer en la deshonestidad de cubrir las apariencias y llamar valenciano al catalán o valencianismo a lo que para ellos fue y es catalanismo sin más. Apenas un mínimo peaje, un juego de palabras, para salir de la marginalidad electoral.

Quizás el mayor bochorno de estos días le caiga a Enric Morera, necesitado de mantener sus méritos ante los nuevos jerifaltes del Bloc. El presidente de Les Corts, dejando pequeño a Cotino, trasvasa su papel institucional para ignorar la ilegalidad de los métodos del conseller y llama «antivalencianos» a todos aquellos que luchan porque sus derechos no sean atropellados. ¡Morera otorgando el carné de buenos y malos valencianos! Como Pujol llamaba anticatalanes a sus adversarios, mientras desvalijaba el patrimonio de la Generalitat. Como Franco, sí. También el general despachaba a la oposición democrática como antiespañoles sometidos a los intereses extranjeros. Señor presidente de Les Corts, no cambie el tema. El conflicto en realidad no ha surgido por el valenciano, sino por el inglés. Por el chantaje de obligar a estudiar en valenciano si uno quiere tener derecho a una enseñanza intensiva en inglés; un truco perverso. Señor presidente de Les Corts, como mantiene el poeta Guillermo Carnero: «los valencianos tienen derecho a usar el valenciano, pero no el deber de hacerlo; centrar la identidad de un pueblo en su lengua es algo muy peligroso: si identificas lengua y nación le das la razón a Hitler que invadió Austria porque los austríacos hablaban alemán, luego reclamó la mitad de Checoslovaquia porque también hablaban alemán, y después reclamó Polonia porque había muchos polacos que hablaban alemán». En definitiva, señor presidente de Les Corts, el problema con el valenciano se provoca cuando en vez de apoyarlo e impulsarlo libremente, se impone. El que quería estudiar en valenciano ya podía hacerlo; pero para el Bloc no es suficiente y hay que forzar a toda la ciudadanía hacia una lengua que el nacionalismo -tal como reconocía Marzà- lo entiende como un caballo de Troya de un modelo político que, por cierto, en los últimos años ha dado el salto en la vecina Cataluña hacia un pensamiento literalmente totalitario, excluyente y ajeno a la legalidad democrática.

El inicio de curso, para el que falta apenas un mes con agosto inhábil, amenaza con ser un verdadero caos. Habrá que ver si la pareja que dirige la educación en la Comunitat, siguiendo el molde de Junqueras y Puigdemont, decide además proclamar su insumisión a los tribunales; después de dos años en los que han dejado tantas pruebas de su falta de respeto a la convivencia plural, los derechos fundamentales y la gestión profesional de los servicios públicos. El lastre es grande. No es sólo el decreto lingüístico, los cierres de aulas de bachillerato o las campañas contra los profesores de los centros concertados. Conviene recordar también la promesa incumplida de acabar con los barracones, los fallos del programa de ayuda en la compra de libros, la eliminación de becas a buena parte del alumnado universitario, la retirada de prácticas sanitarias a los estudiantes de las facultades privadas, el arreglo escolar, las decenas de recursos variados, las aulas de dos años bloqueadas para los centros concertados y las innumerables manifestaciones y protestas sociales que han provocado Marzà, el ideólogo, y Soler, el cerebrito que Ximo Puig ha colocado para poner en práctica el plan del ideólogo.

Fotos

Vídeos