Cómo y cuándo del desafío

Falta saber cuál es el límite de la osadía de los independentistas, si es que lo tienen

CURRI VALENZUELA

Sabemos qué va a ocurrir con el supuesto referéndum sobre la independencia de Cataluña pero nos falta conocer el cómo va a pasar y sobre todo el cuándo. Así que aunque la comparación parezca una frivolidad, nos encontramos como los espectadores de una película del Oeste a cinco minutos del final, a la espera de presenciar la escena del duelo definitivo con la certeza de que lo que tenga que pasar pasará cargado de dramatismo.

Parece que el cuándo será esta semana porque después de demorarlo todo lo posible el Gobierno catalán ya no puede esperar más para firmar la convocatoria del referéndum. No tiene censo, ni urnas, ni funcionarios dispuestos a participar en el evento, pero esos detalles no van a desanimar a sus protagonistas, convertidos ya en camicaces que no tienen más remedio que autoinmolarse.

Acorralados como están, no les queda más remedio que montar todo el follón posible. En la calle, que es lo suyo. Dentro de una semana se celebra la Diada y los nacionalistas aprovecharán su fiesta nacional para demostrar a España entera su fortaleza, que es mucha. Si las encuestas no engañan, más de la mitad de los catalanes están a favor de que se celebre el referéndum y algo mes de la mitad son partidarios de la independencia, así que sacar a la calle a un par de millones de personas para protestar porque se les niega un derecho que consideran suyo no les va a resultar difícil.

La Diada va a coincidir con la decisión del Tribunal Constitucional de revocar la convocatoria del referéndum a instancias del Gobierno, dos cosas que van a suceder con toda seguridad. El Ejecutivo de Rajoy impugnara tanto la convocatoria como todas las leyes que se aprueben en el Parlament para regular la política catalana una vez declarada la independencia, un movimiento en el que está apoyado por PSOE y Ciudadanos.

A partir de ahí, comienzan las incógnitas. El cómo: hasta qué punto los independentistas están dispuestos a desoir al alto tribunal, hasta dónde podrán evitar que los protagonistas queden inhabilitados para desempeñar cargos públicos, en qué condiciones podrán celebrar el referéndum para permitirse el lujo de presumir de que lo han conseguido. En resumen, cuál es el límite de su osadía, si es que lo tienen.

El Gobierno juega con la ventaja de tener a su favor la Ley y la razón. También la actitud, de «proporcionalidad e inteligencia», dijo ayer Mariano Rajoy, para encarar el desafío con la misma tranquilidad que ha demostrado en los últimos meses para mantenerse en el difícil equilibrio entre actuar con mesura sin caer en las provocaciones del adversario. Pero también carga a sus espaldas con unas losas pesadas para desenvolverse como quisiera: el débil apoyo de los socialistas y el hartazgo de muchos votantes del PP partidarios de una mayor contundencia que la de esperar a que el contrincante del duelo dispare primero.

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