El derbi en las ondas

 Los Hernández Perpiñá.
Los Hernández Perpiñá. / lp Paco Gandía. :: monzó

PACO LLORET

C uando el derbi, por fin, se hizo realidad a principios de los años sesenta, la afición futbolística de aquella Valencia de tranvías y 'trenets' se citaba a diario para escuchar la actualidad deportiva a través de los programas radiofónicos que por la noche presentaban José Manuel Hernández Perpiñá y Paco Gandía. Ambos, con estilos opuestos, y afinidades diferentes, se convirtieron los principales referentes de la información futbolística.

El valencianismo había encumbrado a los altares del seguimiento permanente a Hernández Perpiñá, cuya larga trayectoria acreditaba la solvencia profesional de quién solía mostrar un criterio exigente pero sensato a la hora de narrar las andanzas del club de Mestalla. Autor de varios libros relacionados con el Valencia, colaborador de diversos medios escritos, entre ellos LAS PROVINCIAS, respetado por los dirigentes de la entidad, el técnico y los jugadores de turno, sus comentarios habían adquirido el peso específico suficiente como para ser considerado el informador de mayor influencia y, sin duda, el más popular en unos tiempos de contención expresiva y de respeto máximo a la corrección, tanto formal como de fondo, a la hora de hablar ante un micrófono.

José Manuel Hernández Perpiñá solía emplear un tono solemne y profundo en sus alocuciones radiofónicas, iba directo al grano y no se perdía en circunloquios. Sus análisis estaban avalados por el conocimiento y sus múltiples experiencias siguiendo al Valencia. En definitiva, sabía de lo que hablaba. Su presencia constante al lado de la expedición en los desplazamientos en una época en la que los periodistas compartían los viajes con los jugadores sin barreras de ninguna clase le permitía beber de las mejores fuentes informativas y estar siempre al tanto de lo que sucedía. Su renombre y fama le granjeó el reconocimiento más allá del 'cap i casal', y era, probablemente, el informador deportivo valenciano de mayor reputación. Su voz acompañó las andanzas valencianistas por toda España y en el extranjero cuando debutó en las competiciones continentales. Aquel equipo que empezó a labrar un palmarés internacional tuvo en Hernández Perpiñá a su narrador. No había televisión ni otro tipo de imágenes así que gracias a su voz la afición se enteraba de lo que sucedía.

A José Manuel le apartó de la actividad periodística una grave enfermedad a principio de los años setenta. Conscientes de la situación, una amplia representación de la entidad valencianista, con el presidente, Julio de Miguel, al frente, quiso reconocer su labor y proporcionarle ánimos, visitándole tras la conquista del título de Liga en la temporada 70-71. Dos años después, en la primavera de 1973, José Manuel Hernández Perpiñá fallecía a los 53 años. La noticia de su desaparición causó una profunda consternación y el Valencia honró su memoria luciendo brazaletes negros en el partido jugado en el viejo Castalia donde se impuso por 1-3 al CD Castellón. La saga Hernández Perpiñá continuó con Jaime, hermano menor de José Manuel, cuya voz profunda y un excelente ritmo narrativo para las transmisiones en directo había tomado el relevo desde hacía tiempo. Bajo el seudónimo de Jaime Martín al principio de su carrera, el segundo de los hermanos Hernández Perpiñá siguió desarrollando una labor periodística con maestría y oficio hasta los años ochenta. Antes firmó la primera gran obra histórica del Valencia, un libro imprescindible editado a finales de 1974, el mejor homenaje posible a su hermano.

«Todos contra el Levante, pero el Levante contra todos». Esta soflama desafiante la pronunció Paco Gandía mientras una fuerte tormenta descargaba sobre Terrassa donde el club granota había perdido un partido decisivo para el ascenso a segunda en la primavera de 1975 que le condenó a jugar la promoción contra el Alavés de la que saldría malparado. Con su voz peculiar, una fonética cien por cien valenciana y grauera, orgulloso de su militancia y una simpatía arrolladora, Paco Gandía se había metido a la audiencia en el bolsillo. Hasta el desaparecido Don Pío lo imitaba en sus actuaciones. Sencillo y directo, levantaba la bandera azulgrana en unos tiempos heroicos y frustrantes. Paco Gandía había mamado ese sentimiento desde muy joven, había trabajado en las oficinas del Levante UD, y había adquirido la condición de altavoz de un club que tocó el cielo cuando el ascenso del 63 en Vallejo. 'Ja me puc morir tranquil' solía repetir muchos años después al evocar aquella proeza. La fórmula de su éxito era bien sencilla: hablaba del Levante UD en unos tiempos complicados y de resistencia. El derbi duró un par de años y el sueño de una competencia permanente se esfumó.

La lucha entre 'merengots' y 'granotes', como se decía por entonces, resultó efímera. Vinieron tiempos muy difíciles para el levantinismo pero Paco Gandía siempre estuvo ahí, al lado de su equipo, brindando un ejemplo admirable de lealtad. Dejó para la posteridad una inolvidable sentencia: «el Levante UD está forjado en el yunque de la adversidad» reflejo de aquellos momentos ya superados. Sus alocuciones radiofónicas desprendían un sello personal inconfundible, incomparables. Su despedida del periodismo también fue singular: se le tributó un partido homenaje en Mestalla con un duelo entre el Valencia y el Levante UD en otoño de 1977 con triunfo local por 2-0. Poco después, en 1983, entró en la política como concejal de deportes de la mano del alcalde Ricard Pérez Casado.

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