DERBI DE ALTURA

KIKE MATEU

Semana de derbi. Siempre apasionante para los granotas, cada vez más importante para los valencianistas. Hace años que el Levante viene haciendo las cosas bien. Con Quico Catalán a la cabeza, el proyecto se ha consolidado bajo potentes cimientos que van más allá de ascensos o descensos. El Levante ya no es ese equipo de la ciudad de Valencia que estaba en Primera División circunstancialmente y que el Valencia miraba muy por encima del hombro. Es evidente que las distancias se han reducido para alegría de los granotas y crecimiento deportivo de toda la ciudad.

Me alegra ver a niños en los colegios con ambas camisetas sin que unos miren a los otros con extrañeza o superioridad. Ese es el gran éxito del club granota. El siguiente paso será conseguir, como sí ocurre en el Valencia, que el único equipo de los levantinistas sea el Levante UD. Solo así se evitarán tristes escenas como en el último ascenso a la misma hora del clásico Madrid-Barça. El club de Orriols está creciendo mucho y el siguiente paso es conseguir que ningún granota quiera ser de otro equipo que no sea su Levante. Ese sentido de identificación absoluto que sí tiene el Valencia con los suyos pese a pelear con colosos de la envergadura de Madrid y Barcelona. Que fácil es ser de los equipos que ganan y que difícil ser fiel al que pelea por ganarles con más tristezas que alegrías. Pero esa es la grandeza del Valencia y su afición. Ese es el latido que le hace ser tan grande en nuestro fútbol. Y ésa debe ser la aspiración del Levante. Como Betis y Sevilla. Como Real Madrid y Atlético.

El sábado se ven las caras dos historias diferentes de la misma ciudad. El eterno grande empequeñecido en los últimos años y el eterno pequeño cada vez más grande. Dos formas de entender el fútbol, pero que llegan al duelo con una igualdad maravillosa. Muñiz y Marcelino representan lo que ambas aficiones quieren: sentirse orgullosas de sus equipos. El sello de los dos asturianos es más que evidente. Muñiz defiende como nadie con obreros de la Liga y Marcelino defiende como nadie con estrellas acostumbradas a otras batallas. El mérito de ambos es incuestionable. El duelo en los banquillos será de altura.

Ambos técnicos harán de sus defensas un fortín. Kondogbia y Lerma aseguran rayos y truenos en cada pugna mientras Bardhi y Parejo pondrán el talento al servicio del espectáculo. A ambos equipos les falta gol y lo suplen con trabajo desde el medio, ambos vienen de un arranque fantástico y, hasta en los empates en el Bernabéu, hay igualdad máxima. Qué maravilloso es tener un derbi en la ciudad. Este derbi. Disfrútenlo sin bronca. Y, como siempre defiendo, los de la bronca, a la calle.

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