DEPORTES EN EXTINCIÓN

HÉCTOR ESTEBAN

España disputa estos días el Europeo de balonmano. Por unos momentos, el interés por Cañellas, Entrerríos y compañía crecerá en función de la cercanía a la final. A partir de ahí se abrirá otra vez el olvido. Crecí con el Marcol y el Caixa Valencia con la fijación en un tipo llamado Calabuig. De pequeño me tragué partidos del Atlético, del Teka, del Tecnisán, del Barça o del Elorriaga. Y para casi todos los chavales de mi clase los nombres de Melo, Lorenzo Rico, De la Puente, Cecilio Alonso y Papitu nos eran familiares. El Iber y el Amadeo Tortajada eran sinónimo de rivalidad en la liga femenina con dominio valenciano. Cristina Mayo era santo y seña. La Liga Asobal de balonmano ha languidecido con el riesgo de estar en peligro de extinción. El fútbol se lo ha comido todo, los jugadores han emigrado para poder sobrevivir y los pabellones están desiertos. El Barcelona lo domina todo y el resto rellenan una clasificación. En Valencia el balonmano de élite dejó de existir y el Puerto de Sagunto cogió el testigo. En la liga femenina, el Canyamelar es casi un desconocido. Con el ciclismo ha pasado lo mismo. En los setenta con Ocaña y en los ochenta con Arroyo, Delgado y Fernández la bicicleta armó equipos de primerísimo nivel. KAS, Orbea, Teka, Reynolds, Kelme, Hueso, Zor, Dormilón y Fagor formaron un pelotón español de primerísimo nivel. Y gregarios como Enrique Aja y sus gafas de vista, Pepe Recio o Paco Caro. En Valencia sólo rueda un ciclista en los equipos UCI World Tour, los elegidos del pelotón. Rafa Valls luce los colores de Movistar, al única escuadra española en la élite. El resto de equipos trata de lucir a sus patrocinadores vía invitación. Los hermanos Casero, por empeño y dignidad, recuperaron hace un par de ediciones la Volta a la Comunitat, la competición decana por estas tierras. El Larios vistió a los mejores atletas de España en los ochenta. Moracho y Sala brindaron tardes de gloria de valla en valla y Gustavo Adolfo Bécquer cambió las rimas por el salto de altura. Hoy hay poco atletismo por televisión. En Valencia el equipo femenino ha superado etapas a golpes de ayudas públicas, las mismas que un día rescataron al Kelme en ciclismo hasta que el dopaje descerrajó un tiro en el futuro del equipo de Belda. El velódromo es el símbolo de las cosas mal hechas. El waterpolo es residual. En Valencia hubo un equipo en la máxima categoría que duró una piscina. Se ahogaron sin apoyos. Al fútbol sala lo rescató el Levante, el voleibol trata de reinventarse y en la capital el fútbol se ha llevado por delante todo aquello que no sea once contra once. La televisión ha engordado las cuentas de los equipos, ha matado a muchos deportes y a este paso vaciará las gradas de la que hoy es la gallina de los huevos de oro.

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