DEMASIADOS DEBERES PENDIENTES

Cap i casal

La vuelta al cole pillará a muchos concejales con asuntos previstos desde enero a los que no les han echado ni un vistazo

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Mucho se ha comentado esta semana la limpieza por parte de unos espontáneos de la estatua dedicada al fallecido torero Manolo Montoliu. Más allá del nerviosismo de la concejal de Cultura, Glória Tello, quien llegó a decir en su página de Facebook que se estudiarán medidas contra ellos, palabras ovacionadas por un nutrido (estómagos agradecidos con el poder) grupo de palmeros, me quedo con que reconoció como de pasada que Valencia lleva siete meses sin contrata para la limpieza de monumentos.

Tampoco se trata de promover un concurso para construir un nuevo Plan Sur, ni siquiera la complicada recogida de la basura o el barrido de las calles. Sólo aplicar un paño, algún producto (ecológico, eso sí) y frotar. Nada más y como muestra la factura de la limpieza el pasado año de la misma escultura: 254,10 euros.

Pero lo de la gestión debe ser muy complicado a la vista de la ejecución del Presupuesto municipal. No lo digo por Tello, quien por cierto en la restauración de monumentos y equipamiento de museos está por encima de la media del tripartito, sino por aquellos que en siete meses apenas han movido un tema, con el resultado de que sólo se han gastado uno de cada tres euros de las inversiones aprobadas. Llevamos el mismo camino que en 2016 cuando apenas se superó la mitad de todo a lo que se había comprometido el Consistorio.

Ya sé que gastar dinero público (de manera legal, se entiende) es muy díficil porque la tramitación administrativa es farragosa. Es lo que dice el alcalde Ribó de vez en cuando, al referirse al Ayuntamiento como de un trasanlántico que necesita mucho recorrido para girar, pero es que algunas delegaciones no han salido ni siquiera del puerto en todo 2017.

La alcaldesa accidental y concejal de Parques y Jardines, Pilar Soriano, anunciaba esta semana obras de mejora en una quincena de parques, lo que ayudará sin duda a mejorar unas cifras escuálidas que de momento no han despegado. Sorprende más la baja ejecución de la adaptación de las paradas de la EMT para eliminar barreras arquitectónicas. Difícil de creer en un gobierno municipal que quiere revalidar el título en 2109 entre otras cosas por su dedicación al transporte público. El problema es que se tropiezan con la dichosa palabra: gestión.

El alcalde regresa mañana de sus vacaciones, una vuelta atípica a mitad de agosto pero que le agradeceremos los vecinos si sirve para entrar en septiembre con todas las concejalías enchufadas. Antes tendrá que echar un vistazo a la notificación de la Agencia de Protección de Datos con el asunto de la encuesta fallera, aquella tan polémica que prácticamente habíamos olvidado. Pues ahora resulta que se cometieron dos presuntas infracciones muy graves, según los inspectores del organismo estatal.

Un asunto para reflexionar en qué manos están las Fallas en el Ayuntamiento, más allá diría incluso del concejal de Cultura Festiva, Pere Fuset. Mucho tendrán que trabajar los funcionarios municipales para argumentar y eludir el pago de las sanciones. En todo el proceso se olvidaron del pequeño detalle (léase ironía) de pedir a los encuestados el permiso expreso para utilizar sus respuestas sobre política y creencias religiosas.

La polémica avivará de nuevo la asamblea de presidentes, donde Fuset debería reconsiderar su decisión de no ir y dejar las patatas calientes en manos de su equipo. Como dice el presidente de la Interagrupación, Jesús Hernández, estos asuntos son los que menos les interesan a los representantes de la fiesta al impedirles centrarse en cuestiones como los cortes de tráfico, las actividades de las comisiones y la contratación de los artistas cada año.

Y si las aguas bajan tumultuosas en la gestión de las fiestas de la ciudad, qué decir del Consorcio Valencia 2007, con la Agencia Tributaria llamando a la puerta de las empresas para embargar todos los pagos que deben hacer a la empresa de la Marina. El futuro es menos optimista del que se perfila en el amplio plan de negocio por la enorme deuda que se arrastra. ¿Es posible que la dársena sea una pujante zona de empresas y emprendedores (siempre he creído que es lo mismo, pero parece que no) mientras naufraga la sociedad pública que desarrolla todo? Parece que estamos a punto de verlo.

Para completar la patata caliente, el cercano barrio del Cabanyal, donde las obras de reurbanización están a toda máquina con aceras, arbolado, bancos flamantes y lo demás. ¿Servirá para algo? Me gustaría decir que ayudarán a la recuperación del Marítimo, aunque me temo que es una pequeña aportación de lo que toca hacer.

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