TIENEN COSAS QUE DECIRNOS

Bancaja expone a 39 artistas nacidos en los 60, 70 y80, una generación emparedada entre los famosos y los emergentes

RAFA MARÍ

Espais d'Art. La Fundación Bancaja inauguró el pasado jueves la colectiva 'Espais d'Art', comisariada por Martí Domínguez. Bocetos y obras de 39 artistas, con fotos de Jesús Císcar. La iniciativa de Bancaja es oportuna, tiene reflejos, ya que abre sus puertas a una generación de artistas nacidos en los años 60, 70 y 80. Una generación a la que se hace poco caso, emparedada entre los famosos y los emergentes. Es una tendencia habitual en los museos valencianos: por un lado, exposiciones de Sorolla, Pinazo o Renau (por citar solo artistas valencianos), y por otro, prestar ayuda continua a los emergentes.

Equilibrios. Vaya por delante que no es fácil para los directores de museos mantener un equilibrio ponderado en su programación. La ciudadanía quiere ver a los grandes maestros (El Bosco, Kandinski, Joan Miró, Ródchenko, Warhol, Pollock, De Chirico...). Hay que estar también atentos al panorama internacional del momento y a lo que se está haciendo en la Comunidad Valenciana. Luego viene lo de la fecha de nacimiento. Mayores sin reparos, artistas con media carrera, emergentes, novísimos...

Pagar el pato. No, no es fácil. Pero el caso es que, en medio de ese torbellino de colores compuesto por famas y edades diversas, esta generación intermedia es la que suele pagar el pato. A veces se le atiende, un poco de refilòn, y se exponen algunas de sus obras junto con las de otros trescientos artistas, en colectivas de paso (y normalmente sin el apoyo de un catálogo) o en modestas individuales (pocas y con indisimulable desgana). Consuelos menores. Por cumplir.

Los más interesantes. En los 'Espais d'Art' de Bancaja todos los artistas que exponen tienen cosas que decirnos. Es tarea de los museógrafos públicos apoyar la obra de quienes nos cuenten las cosas más interesantes. Hay muchos.

Unamuno. Quien siempre tenía cosas interesantes que contar era Miguel de Unamuno. El libro 'Antonio Machado: su paso por Soria', de José María Martínez Laseca, publica una curiosa carta de Unamuno dirigida en 1912 a su amigo José María Palacio, en la que describe a un conocido de ambos: «Este hombre-tipo con los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza a quien hieren y acongojan fortuna y malandanza, tiene sus virtudes, las recias virtudes cainitas. Y no me cabe duda de que si Caín no mata a Abel, éste habría matado a aquel poco a poco, a alfilerazos».

Nunca trivial. Unamuno, imprevisible, hace el elogio del hombre envidioso. «Las recias virtudes cainitas», dice. Y arremete contra el bueno de Abel, capaz de matar a Caín, asegura, «a alfilerazos». Unamuno siempre nos hace pensar. Podía ser extravagante -lo era-, pero nunca trivial.

Desconocerse. Pessoa también decía cosas interesantes. Si se pudiese leer con los ojos cerrados, yo leería así al gran poeta portugués. Nos propone Pessoa: "Desconocerse conscientemente es emplear activamente la ironía. No conozco cosa mayor, ni más propia del hombre en verdad grande, que el análisis paciente de los modos de desconocernos". Atractiva idea: en vez de conocernos mejor, desconocernos. Un intento de empezar de cero, o muy cerca del cero.

Memoria mnemotécnica. Me esforzaré por decir también yo cosas interesantes. En mi ordenador escribo sin mirar el teclado. Actúo con memoria mnemotécnica ('Técnica de rememoración basada en la asociación mental de datos de la práctica cotidiana'). Sin embargo, si estoy lejos del ordenador e intento recordar dónde se encuentra la 'i' o donde la 'm', entonces me pierdo. Busco recuperar el conocimiento robotizado simulando que tecleo -mientras miro hacia un supuesto infinito- con la esperanza de que la memoria mnemotécnica me ayude a recordar como están distribuidas las letras del teclado. Y no. Sin el ritual cotidiano y mecanizado, el almacén de mi cerebro no responde.

Andar, respirar. No sé si me he explicado bien. Creo que no. Me centro en la conclusión: hay muchas cosas que uno sabe y no sabe cómo las sabe. Andamos, respiramos y en ocasiones también conducimos -no sé si eso será merecedor de multa- con resortes mnemotécnicos. Si quisiera ser consciente de cómo respiro, quizá me fallase la respiración y me ahogase.

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