LA CÚPULA DEL TRUENO

ÁLVARO MOHORTE

Mad Max sería un amapola en algunos ambientes. Su cara de tipo duro, el rugir de motores y el grasiento tufo a gasolina salpicando interminables y polvorientas carreras por el desierto australiano de un futuro apocalíptico son naderías comparado con lo que ha hecho falta en el negocio financiero. Aguantar las siete plagas no es fácil y a punto han estado de llevarse por delante el ahorro de millones de españoles. Para evitarlo, el Estado se ha terminado por convertir en el cuarto banquero del país (ahí es nada) y eso sin ninguna vocación de serlo ni ganas de seguir siéndolo.

Como en la mítica secuela, bajo la cúpula del Estado han terminado dos bancos, Bankia y BMN, y tras distintos intentos de venta de la más pequeña, el equipo económico del Gobierno optó por la fórmula de «dos bancos entran, uno sale».

Esta semana se ha procedido a acordar el casamientos con el visto bueno de los cónyuges, y en los próximos meses se irán cumpliendo los plazos en esta unión desigual en la que una de las partes perderá el nombre y su breve historia.

Aunque en los últimos días se han desatascado varios asuntos que venían arrastrándose desde hace meses y años, como los horarios comerciales en la Comunitat, lo cierto es que éste de la banca y el dinero es el más relevante, pero también el que se prevé más discreto.

La entidad que crece entre las manos de José Ignacio Goirigolzarri desde 2012 asimilará BMN con armas y bagajes, creciendo un 26% hasta superar los ocho millones de clientes; un 28% en depósitos y un 20% en la cartera de préstamos. Como era de prever, el encaje de las estructuras no será fácil y requerirá 334 millones de euros para ensamblar las piezas. Eso significa cambios informáticos, aprovechamiento de sinergias y, lo que es más inquietante, reorganización de plantillas.

Goirigolzarri ya ha anunciado que se comenzará a negociar con los sindicatos para hacer el trance lo mejor posible. El proceso de integración se guiará por «estrictos criterios de meritocracia y con una permanente relación y diálogo con los representantes de los trabajadores», ha prometido el ejecutivo, aunque llega a unas plantillas que ya han sufrido en sus propias carnes el azote de la crisis financiera y la inquietud de enfrentarse al despido en la oficina la mañana siguiente.

Todavía estaban barriendo los pasillos del Palacio de Congresos de Valencia tras la junta extraordinaria de accionistas cuando la Audiencia Nacional daba por terminada la instrucción del caso Bankia, salvando definitivamente del banquillo al exgobernador del Banco de España Miguel Ángel Fernández Ordóñez y el expresidente de la CNMV Julio Segura. Dos hombres que entraron bajo la Cúpula del Trueno y han terminado por salirse de rositas. Aunque eso ya es otra película.

Fotos

Vídeos