Cumplimiento de la ley

JOSÉ-ANTONIO BURRIEL

El auto del Tribunal Supremo por el que se mantiene la prisión provisional para Junqueras contiene algunas consideraciones que merece la pena sean tenidas en cuenta, en los esfuerzos por mantener la convivencia pacífica en nuestra sociedad. No entro en disquisiciones políticas, me limito a ciertas reflexiones sobre una de esas frases: «Este comportamiento constituye un hecho ilegítimo, gravísimo en un Estado democrático de Derecho, en el que el cumplimiento de la ley como expresión formalizada de la voluntad popular aprobada por sus representantes legítimos, y también la misma lealtad al propio sistema democrático que nos rige, imponen ciertos límites que deben ser respetados en aras de una convivencia pacífica y ordenada».

Nos puede gustar o no la ley existente, pero su cumplimiento garantiza la libertad de todos en la sociedad. Que no nos gusta tal o cual ley -sea civil o penal-, el camino es diáfano: cambiar la ley pero por los caminos señalados en las normas que rigen. ¡Eso es la democracia! Algo que tenemos que tener en cuenta no solamente en los deseos de independencia, sino en todos los actos personales o sociales. Si dejamos a un lado el cumplimento de la ley y optamos por otros medios para cambiar lo existente, estamos ante una rebelión, sedición, golpe de estado, revolución o como queremos llamarlo.

Estamos ante un acto ilegal por no cumplir una ley. O estamos ante un acto criminal si dicho incumplimiento es considerado delito por las leyes penales. Porque no es sólo delito un asesinato, un robo, una violación, etc.; también lo es un acto que pretenda cambiar los modos de convivencia legítimamente decididos por los ciudadanos. ¿Acaso lo que pensamos que es mejor para nuestras intenciones debe superponerse a lo que todos los ciudadanos hemos elegido como lo mejor?

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