Cultura sin etiquetas

MIQUEL NADAL

Es conocida mi capacidad para la salivación cuando contemplo el programa 'La Grande Librairie', el que conduce François Busnel en TV5. Escuchar hablar de libros con inteligencia, y escoger por temas la presencia de unos invitados educados que se han leído el resto de libros de los otros, y no solo van a hablar de su libro es sorprendente y sencillo. No hace falta más que respeto y afán de mejora. Hasta parece que uno pueda ver cómo de bien huelen los autores. Esa reverencia por el saber sin adjetivos confirma que entretener no está reñido con la cultura, y que la misión de un debate no consiste en averiguar qué piensa un escritor sobre la realidad, o su grado de compromiso, para etiquetarlo, o someterlo a la pregunta previa, como en los pueblos para buscar la filiación: I tu, de quí eres? En el caso valenciano se agrava. Somos una colonia literaria y cultural. Nos hemos acostumbrado a reclamar infraestructuras y modelos de financiación, y políticas públicas para cualquier materia, pero no hemos sabido crecer como sociedad lectora y creadora. Y no es una cuestión lingüística ni de planes. Desde hace décadas no exportamos una personalidad literaria poderosa que nos cuente y sea capaz de enorgullecernos. Nuestros últimos altares literarios son del siglo XX y no somos capaces de sustituirlos. En breve Alicia Palazón presentará un nuevo libro, 'Cuando Matilde se fue', mientras decenas de libros de ínfima calidad literaria, escritos o firmados por presentadores de televisión, poblarán los anaqueles de las novedades. Aquí tendrá éxito si viene promocionado desde fuera. Nos tenemos que querer más desde el punto de vista literario. Sin complejos de superioridad, por ser de aquí, pero también sin complejos de inferioridad, por ser de aquí. ¿Es algo tan insensato reclamar calidad al escritor y no preocuparse por la causa o la bandera por la que se manifestaría? Quien escribe desde el castellano se topa con una condición periférica que parece asumir un destino menor escribiendo desde València. Si se opta por el valenciano, y en mi caso, el de la Acadèmia Valenciana de la Llengua se da por supuesto que uno ha de ser un marxistón notorio, con presunción de afecto bolivariano, lucha contra la sociedad patriarcal y el resto de causas adheridas en la mochila. No hay debate literario, porque la sociedad solo piensa en el escritor que sea capaz de corroborar los prejuicios de grupo. Mientras tanto, la auténtica calidad permanece apartada porque quien escribe aquí solo puede ser telonero de los Premios y de las plataformas culturales y editoriales de Madrid y de Barcelona. Para cambiar las cosas hará falta despolitizar la cultura, y retomar la ficción, los libros, Dios en el diván, la guerra, la fidelidad o la mentira, y dejarnos estar de banderas, tuits y demás simulacros de sabiduría. Pensar a lo grande y querernos más. Comprar un par de libros siempre sale más barato que ir de manifestación.

Fotos

Vídeos