¿Somos culpables?

Álvaro Mohorte
ÁLVARO MOHORTEValencia

A la hipoteca reputacional valenciana le han vuelto a subir el Euribor. Si no teníamos bastante con ser el lugar del mapa que se señalaba desde hace 10 años desde el resto de España, ahora el índice nacional recupera fuerzas y vuelve a apuntar a las tres provincias como el testigo que indica tras el cristal a qué individuo vio quitarse el pasamontañas a la puerta del banco, cuando saltaban las alarmas y él disparaba a su espalda.

Eso dicen, ¿no? La detención e ingreso en prisión de Eduardo Zaplana ha golpeado en la política valenciana como el colosal chino de largos bigotes y sombrero en forma de plato de fideos que arrea al gong con el que empieza Indiana Jones y el Templo Maldito. Carreras, aspavientos, persecuciones y un final que, por el momento, resulta difícil de prever. Otra vez Valencia, dicen.

Ya se sabe, porque lo dicen las teles. Más allá de Albacete y Cuenca, llegando desde Madrid, hay Ruta del Bacalao, tetes y Gandia Shore. Montes quemados, maletines y recalificaciones. Naranjax, Fitur y Brugal. Castellón, Valencia y Alicante. Aquí no hay tipo fijo que valga para la hipoteca, parece. Siempre variable, y al alza.

El problema está en que el encaje de estas piezas para que podamos automortificarnos bien no funciona si se le pega una mirada al bolsillo de cada cual y se comprueba que no hay llavecitas de caja fuerza de Uruguay o código de cuenta bancaria en Suiza.

Las acciones, buenas o malas, las hacen las personas, una a una. Gente con nombre, apellidos e intereses. ADN, número de DNI y certificado de penales. Ni todos los andaluces estuvieron metiendo el cazo en los ERE, ni todos los madrileños llevaban bolsas de basura llenas de billetes a Colombia.

¿Fue culpable de las trapacerías de Luis Roldan o Juan Guerra un militante socialista honesto de un pueblo de Soria en los años 90? ¿Ha de responder del bochornoso episodio del chaletazo de Irene Montero y Pablo Iglesias una arquitecta en paro que trabaja en el bar de sus padres en Orihuela y votó a Podemos para pegarle una patada al mundo en las elecciones Europeas de 2014?

Si la culpa es de todos, parece que no es de nadie y una legión de acusados en falso terminan por ejercer la defensa de hechos y gente que les han hecho más daño que nadie por compartir tierra y partido.

Con el reventón de la burbuja, dos cosas se repetían hasta la saciedad: que crisis se escribe en chino con el mismo símbolo que oportunidad y que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades… aunque fuera mentira.

Ni el cliente fijaba el volumen del crédito, ni el albañil dónde se construía. Aunque terminamos pagando todos la broma, que no nos vengan con que, encima, la culpa también es nuestra.

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