CUENTAS PENDIENTES

RAMÓN PALOMAR

Supongo que todos mantenemos cuentas pendientes y rincones oscuros que se han ido acumulando bajo el fragor de la pura vida. Claro que, unos más que otros. El PP valenciano se enfrenta a veinte juicios veinte durante los próximos meses, cantidad nada despreciable, y esto lastrará invitablemente su campaña electoral así como sus aspiraciones. Les espera, pues, un vía crucis formidable y una larga procesión hacia los juzgados bajo los flashes de los fotógrafos que son como latigazos eléctricos. A lo mejor también les aguarda una penitencia reconcentrada, un castigo ejemplar y, a saber, una leve resurrección o un conato milagroso. La volatilidad actual impide proyectar cualquier pronóstico. De todas formas, de entre el amplio rosario de juicios que se avecinan me fascina el caso de la visita del Papa. Si es verdad que trincaron golosos óbolos mediante el chanchullo del sobrecoste de las pantallas gigantes que realzaban el encuentro, este celestial timo representaría un latrocinio impresionante, incluso diabólico. Que precisamente católicos practicantes se decantasen hacia la herejía de poner el cazo aprovechando la presencia del Santo Padre no lo supera ni ese monaguillo pícaro que se pimplaba el vino de la misa. Valencia colapsada ante el ilustre verbo del jefe máximo de la Iglesia Católica, la ciudad sembrada de urinarios, miles de peregrinos portando la austera mochila del peregrino de color amarillo con su espartano bocata y un botellín de agua. Los telediarios de la galaxia mostrando imágenes de nuestra urbe y... mientras tanto, la sombra de la sospecha brotando desde el asfalto ante las posibles mangarrufadas. Si se demuestra que fueron culpables, ¿pedirán primero confesión, luego perdón y más tarde absolución? Paciencia y pasmo recorren la osamenta de los pecadores contribuyentes.

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