La crisis y el PP

J. SÁNCHEZ HERRADOR

La crisis fue durante 2011 la mejor aliada del Partido Popular. Era tal la urgencia social y la sensación de zozobra y miedo que buena parte del país estaba dispuesto a pasar la página de la corrupción con tal de buscar una solución al paro y a la decadencia económica. El PP se constituyó para muchos como un mal menor, la única opción que quedaba después de la época alejada de la realidad de Zapatero. La gestión primaba así por encima de cualquier otra consideración ética o política.

El abismo ayudaba a las expectativas del PP como el crecimiento económico actual las perjudica, porque una vez calmado el miedo es cuando unos votantes más tranquilos y menos preocupados por la crisis pueden cobrarse la deuda electoral que había quedado pendiente. La crisis política derivada del hundimiento del bipartidismo y del desprestigio de las instituciones está aletargada pero no ha desaparecido. La protesta que supuso Podemos se transformó pronto en desilusión, pero ahora ese deseo de cambio más racional y templado parece canalizarse hacia Ciudadanos una vez que lo peor de la crisis ha pasado. Por eso la formación naranja crece entre los electores de todos los partidos, incluso del morado.

El problema del PP es mucho más complejo y profundo de lo que piensan. Es casi un asunto de ciclo biológico, de sociología sin solución, de cambio generacional, que los lleva irremediablemente al declive político. Pero la desastrosa gestión del independentismo catalán ha sido la puntilla para el PP. Después del fracaso popular en las elecciones catalanas, ver a Cospedal, la sra. de la indemnización en diferido, exigiendo que Arrimadas tome la iniciativa resulta patético. El PP, que pactó con Mas, pidiendo un suicidio prematuro a la dirigente de Ciudadanos. Y aún les extraña el desastre de las encuestas.

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