Crisis

Si a Rita Barberá se le hubieran ido Grau y Novo hubiéramos hablado de una grave crisis

F. P. PUCHE

Que en el Ayuntamiento había mar de fondo era algo que sabían casi todos los marineros. Basta ver que los cuatro partidos presentes en el hemiciclo tienen muy serios problemas internos, basta seguir la cadena de decisiones-terremoto que han ido aflorando con regularidad mensual, para entender que el pacto de la Nau tiene una complejidad que lo hace frágil, muy delicado, originariamente inestable. La frecuencia con que los tres portavoces de la coalición han comparecido para decir que su unidad era fuerte como el titanio, casi bastaba para colegir que las cosas no iban bien...

El llamado 'Caso Monterde', denominación poco adecuada con la que me ahorro una larga explicación, ha determinado -o no, porque el interesado lo niega- la salida del Ayuntamiento de Jordi Peris, el segundo teniente de alcalde. Que sumado a la marcha, en 2016, del que fue primer teniente, Joan Calabuig, ofrece un balance de sacudidas que no es para despreciar: si en 2012 a Rita Barberá se le hubieran ido del consistorio nada menos que Alfonso Grau y Alfonso Novo, todos hubiéramos usado el término 'crisis' para situarnos.

Crisis, pues, y no pequeña, que demuestra que no es fácil llevar adelante, con un frágil pacto, una ciudad como Valencia, compleja, llena de aspiraciones y carencias, maltratada por diversas vías; y muy necesitada de una experiencia de gestión de la que carecía la gran mayoría de los que en 2015 llegaron al poder sin esperarlo. La suerte, no obstante, es que los dos «pesos pesados» que han tirado la toalla, Calabuig y Peris, lo han hecho con el detalle de dejar el acta, un gesto que hay que aplaudirles.

¿De qué estaban más cansados ambos: de los conflictos de sus propios partidos o de las fricciones con los 'otros' partidos de la coalición gobernante? Tener esa respuesta nos daría jugosas orientaciones. Si en el caso de Calabuig se podría decir que la Cabalgata de las Magas fue excesiva para su templanza, en la marcha de Peris han pesado mucho las relaciones con sus compañeros de candidatura, que no de partido. Si el que se marcha lo hace diciendo que «ha sido un fracaso» lo que en 2015 se estrenó con el respaldo de ilusión de más de 40.000 valencianos, no es raro deducir que simplemente eran tres... y no se hablaban.

Si sumamos a eso que el grupo mayoritario, el PP, ha decidido someterse voluntariamente a un incomprensible ostracismo; si observamos que Ciudadanos sigue siendo un partido de indefinición alta y operatividad baja; si añadimos que Compromis es una suma de tendencias en pugna mucho antes que un partido; si contemplamos, en fin, que la primera teniente, hace pocos días, declaró sentirse «incómoda» con lo que ocurría a su alrededor, propiciado tanto por los dislates de Compromis como por las arbitrariedades de Valencia en Comú, tenemos una suma final que da «crisis» en pantalla. De modo que no es atrevido decir que acabamos de ver, con Peris, el segundo capítulo. Continuará.

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