El Mal creativo

Más dura será la caída

Si buscamos explicar los crímenes creativos de los psicópatas mediante criterios morales convencionales estamos abocados al fracaso

VICENTE GARRIDO

En una de las imágenes de televisión aparecidas sobre el homicidio del niño Gabriel a manos de su madrastra, una mujer joven relataba el dolor y la frustración que sentía toda Almería cuando se reveló el horrible final de tanta espera y búsqueda, y terminaba con una pregunta que dejaba en el aire, más una letanía o lamento, porque no llevaba un enunciado interrogativo, como si ella supiera que no existía una explicación satisfactoria: «Y por qué, y por qué». Mientras que los partidos que promueven la derogación de la prisión permanente revisable no se enteran de que existen asesinos psicópatas y van de 'buen rollo', esa mujer comprendió de manera intuitiva lo que significaba ese crimen, o mejor lo que representaba: el asesinato en los psicópatas y asesinos seriales (¡ay, ese otro hijo 'suicidado' en 1996!) es una expresión de sus demonios interiores, un modo de alcanzar la plenitud, una opción tan buena como cualquier otra cuando se trata de conseguir su propósito, con el añadido de que les aportan una extraordinaria gratificación emocional.

Sé que es complicado de entender, pero es una realidad. El Mal, con mayúsculas, es creativo: nace de una ética basada en la crueldad y en el uso cosificado del otro junto a una estética donde muchas veces el hecho de matar se convierte en una fantasía recurrente que tiene propiedades sensoriales, y embriaga la memoria que, pasado el hecho, podrá complacerse en su recuerdo. En el caso de este crimen la estética no está en su ejecución, que se nos revela en extremo funcional: por las razones que sean, el niño molestaba a la 'bruja mala' del cuento, como acertadamente la denominó la madre de Gabriel, y por tanto lo más natural para ella era matarlo. Aquí la estética que subraya la imaginación creativa la encontramos en el teatro que desarrolló con motivo de su crimen: llanto, abrazos de pésame y dolor compartido, declaraciones pidiendo colaboración. Claro que no es la primera vez que vemos esto, pero para ella era todo un reto, que añadía excitación al crimen. Tengo el convencimiento de que Ana Julia disfrutó mucho con su representación.

Lo de menos es la razón concreta de ese incordio que le producía el 'pescadito': sea esta los celos o una cierta inquina nacida de una desconfianza quizás intuitiva del niño hacia su madrastra, el motivo esencial era que ella determinó que viviría mucho mejor si el niño desaparecía, y a eso se aplicó. Si buscamos explicar los crímenes creativos de los psicópatas mediante criterios morales convencionales estamos abocados al fracaso: los psicópatas ven el mundo de un modo especial, como un lugar en el que cazar o ser cazado, donde el triunfo máximo es el poder de dominar y destruir al otro, o bien hacerlo su marioneta y siervo. Entendemos mejor el crimen de la 'viuda de Patraix', aquí hay dinero y deseos de libertad, pero el Mal es el mismo.

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