CUÁNDO SE CORTÓ EL RELEVO

VICENTE LLADRÓ

La conversación en la mesa de al lado gira sobre la falta de relevo generacional en el campo. ¿Por qué no se quedan los jóvenes en la agricultura, y aún menos en la ganadería?, pregunta el más joven de la mesa. Para empezar, porque en el campo hace mucho calor en verano y frío en invierno, responde el otro, jocoso, aunque tampoco anda desencaminado. Como decía aquel, tras enumerar una serie de dificultades sobre cualquier cosa, y añadió: «Y encima, este calor».

Pues eso: el calor, el polvo de los caminos y de los campos resecos, las picaduras de los bichos, los sobresaltos de las plagas... y lo más importante de todo, terminaba de explicar el primero: La falta de rentabilidad, que no se gana un duro, por eso no hay relevo y la media de edad entre la población activa agraria está en los sesenta y pico años, a punto de la jubilación.

El joven insiste; quizá será cuestión de solidaridad intergeneracional; cree que hay salidas, habla de otras formas de producir, otros mercados, otras soluciones... Sin duda le han influido las consignas que se prodigan hoy, tan al uso. Y el más veterano le anima a ponerlo en práctica. No te cortes, le dice, ponte manos a la obra, sé ejemplo para otros, seguro que si estáis en lo cierto otros muchos os seguirán; al final la gente no es tonta y va a lo que le conviene, si los jóvenes no se quedan, por lo general, en el campo, o lo intentan un poco y se salen, será porque no les va bien, eso es evidente. Ahora, puede haber otras formas y demás; pues a intentarlo».

El joven lo da por aceptado. Está claro, no basta con disertar sobre esto y aquello, hay que ponerse manos a la obra. Bueno, igual no es ni siquiera su caso, quizás él no está en ello, no es que pretenda ser agricultor, pero tiene amigos, lo hablan, escucha pareceres...

Y mientras rumia las últimas frases pronunciadas y escuchadas, el otro reclama de nuevo su atención. ¿Crees que lo de la falta de relevo generacional es de ahora, consideras que es un problema actual? Sí, claro, responde el joven, es lo que todo el mundo apunta, lo dicen los estudios, los informes, la evidencia: no hay jóvenes en el campo, la gente se hace mayor, los pueblos se quedan vacíos...

Ahora ya no es solo que los pueblos del interior se queden vacíos -concluye el otro-, los campos se quedan yermos; es el final del proceso. Lo de la falta de relevo generacional no es un problema de ahora. Es de hace décadas y no se atajó, ni se vio, o no se consideraron las consecuencias. Los que hoy siguen en el campo pero están cerca de la edad de jubilación o ya la rebasaron ni siquiera pudieron protagonizar un relevo generacional en regla tras sus padres. Simplemente siguieron con los campos porque era lo de casa, les podía la vocación, les tiraba la tierra, no iban a dejarlo de ninguna manera y continuaron a trancas y barrancas. Así se fraguó un espejismo: bajaban los precios, subían los costes, pero todo seguía aparentemente igual, o casi todo, al menos en cuanto a producción final agraria. Lo de siempre, los datos macroeconómicos frente a la microeconomía.

La gente tuvo que buscarse otros trabajos para ganarse la vida y seguir a la vez con sus campos, por amor propio; vino la agricultura 'a tiempo parcial', pero eso ha durado una generación, las siguientes, las actuales, no es que no sigan, es que hace tiempo que no quieren saber nada del campo; ni sus padres quieren que lo quieran.

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