La corrupción siempre flota

No es casualidad que los casos más graves que afectan al PP y PSOE se están juzgando simultáneamente

CURRI VALENZUELA

Escenarios, un juzgado de la Audiencia Provincial de Sevilla y otro de la Audiencia Nacional en Madrid. En el primero compareció ayer Francisco Javier Garrido, el ex director general de Empleo de la Junta de Andalucía que repartía el dinero de los ERE, parte del cual se lo gastaba en consumir cocaína, según su chófer, y se proporcionaba un estilo de vida que le daba «para asar una vaca», en palabras de su madre. En el segundo se presentó Francisco Granados, exsecretario general del PP de Madrid y exconsejero de Esperanza Aguirre para declarar que su jefa conocía todos los detalles de la financiación ilegal del partido de ambos.

Guerrero, el primero de los más de cien acusados por el mayor fraude en la historia democrática de España llamados a declarar en ese juicio que ahora empieza, se negó a hablar. Granados, que ya ha cumplido más de un año de cárcel por lucrarse personalmente con el dinero que tenía que manejar en las campañas electorales del PP madrileño, se explayó tratando de repartir las culpas por las que le puede caer encima una muy larga condena. Eran Esperanza Aguirre y la actual presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, las que tomaban las decisiones que él administraba, asegura ahora.

No es casualidad que los casos más graves de corrupción que afectan al PP y al PSOE se estén juzgando simultáneamente, sino la lentitud de la Justicia y, en estos casos, el interés de los dirigentes de los dos partidos por convertirla en más lenta de lo habitual para que a ellos no les salpique, sino que sean sus sucesores quienes tienen que dirimir las responsabilidades de sus organizaciones. La demora le ha salido bien al PSOE nacional. Doce años ha tardado en celebrarse el juicio de la Audiencia de Sevilla desde que se produjeron las primeras detenciones por adjudicar dinero de los ERE sin respeto a las advertencias de los controladores, en muchos casos para subvencionar a personas cercanas a ese partido que ni siquiera habían trabajado en las empresas de las que fueron despedidos. Así que quienes ahora se sientan en el banquillo pertenecen a otra época. Los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán y la exministra de Zapatero Magdalena Álvarez no tienen nada que ver con el socialismo de Pedro Sánchez.

No sucede lo mismo en el PP porque aunque algunos de los supuestos delitos que ahora se juzgan datan de hace más de una década, como es el caso de los de Valencia, los más relevantes que afectan a su partido nacional se cometieron mientras que el actual presidente desempeñaba ya este cargo o con anterioridad, el de responsable de las campañas electorales. En cuanto a lo ocurrido en el PP madrileño, tanto Francisco Granados como Ignacio González, los dos hombres de la máxima confianza de Esperanza Aguirre, estuvieron manejando lo que ocurría en esta Comunidad hasta hace tres años. Demasiado poco tiempo para que los ciudadanos consideren que los casos de corrupción que siguen desvelándose día a día no tienen efecto alguno sobre lo que van a votar.

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