LA COPA DE TODOS

KIKE MATEU

Una semana sin fútbol es mucha semana. Ya no les cuento si la semana son diez días, mientras en Inglaterra juegan cada minuto de cada hora. La Navidad se hace larga, para qué negarlo, sin la pelota rodando. Pero claro, poniendo un poco de perspectiva al asunto, el descanso se agradece.

El Valencia ha terminado mal el año y Marcelino peor tras el accidente de tráfico que le impide estar hoy en Gran Canaria. Lo mejor es que la cosa se quedó en un susto de los gordos. Futbolísticamente, los resultados de los últimos dos partidos de 2017 dejaron un poso de decepción -que no preocupación o crisis- que aún nos dura en la memoria. Pero, hablando de memoria, recuperemos el mismo día del enero pasado: Prandelli dimitido, García Pitarch dimitido, empate en Pamplona en pleno descenso y humillación copera a manos del Celta en Mestalla. Así empezó el año. Así que no nos volvamos locos con los problemillas de andar por casa que ahora tiene el Valencia y que además tienen solución.

Cuando una casa está bien construida, pero necesita mejorar el mobiliario, con un poquito de dinero y un poquito de imaginación te dejas la casa como nueva. Eso es el Valencia de Marcelino y Alemany. Un sólido proyecto construido en verano y que debe ser apuntalado en este enero recién comenzado. Como los arquitectos y decoradores son los mismos, hay motivos para la tranquilidad. Los Vietto y compañía solo son un ejemplo del trabajo ya visto en el mercado estival.

Y luego está el fútbol, que vuelve hoy en formato copero y el sábado en Mestalla con la Liga. Llegar a Champions es el objetivo de club, futbolistas y cuerpo técnico, pero el torneo del K. O. es un sueño muy bonito al que nadie quiere renunciar. El sorteo ha sido 'benévolo' y solo hay siete partidos de distancia con un título que el Valencia ganó en 2008. El último trofeo en las vitrinas del club. Me gustaría pensar que la ilusión que todos tenemos en la Copa también la tendrán esta vez los que dirigen el Valencia que, por costumbre, han venido tirando claramente la Copa. Por el dinero de la Champions. Y luego, ni Copa ni Champions.

Siempre entiendo que los clubes dependen del dinero de las teles y de la Champions, si pueden acceder a ella, para sobrevivir, pero luego está la ilusión de la gente. Los horarios de TV se ríen del aficionado y el formato de la Copa se ríe de todo el mundo. Pero, ya que ambas cosas no dependen de Marcelino, de Uría, ni de sus futbolistas, les pediría humildemente que piensen en la gente a la hora de afrontar el torneo. Porque hacer feliz al valencianismo en Liga ya es un hecho y en la Copa de ellos depende en gran medida. Hoy primera parada. Y luego el fútbol dirá.

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