Controlar las Fallas, controlar la libertad

PEDRO ORTIZ

Si en Florencia fueron capaces de cambiar el final de 'Carmen' para que la cigarrera no fuera asesinada por don José, cómo no van a intentar nuestros gobernantes entrometerse en el mundo de las Fallas y 'estudiar' cómo tratan a la mujer los monumentos falleros y si la 'denigran' o no. Creo que es hoy cuando se reúne la comisión que va a analizar la cosa, una comisión de cuyo nombre por largo no puedo acordarme, pero que incluye en su título los conceptos Dones e Igualtat.

No hay rincón en la sociedad que se esconda a los tentáculos del poder. La Junta de Andalucía ha apercibido a una asociación para que llame a los consumidores personas consumidoras, para no usar un lenguaje sexista. Parece un chiste, hasta que la Junta les recuerda que el cambio exigido es condición indispensable para continuar cobrando la subvención. Ahí nos tienen pillados, porque la sociedad está llena de organizaciones no gubernamentales, con mayúscula y con minúscula, que viven de las subvenciones casi siempre arbitrarias de los Gobiernos, y no, no es ninguna contradicción.

Durante la Navidad, la alcaldesa de Madrid obligó a los peatones a andar por calles de dirección única y en Valencia el alcalde estudia cómo ordenar y limitar el aforo a la plaza del Ayuntamiento durante las 'mascletaes'. Más lejos, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York se ha opuesto a las exigencias de retirar un cuadro de Balthus que muestra a una niña en una postura que alguien ha considerado 'sexualmente sugerente', y se intenta que ningún actor (o actriz, 'of course') aparezca en una película fumando o bebiendo, o se legisla para impedir llamar amo, dueño o propietario al amo, dueño o propietario de un animal, que, por cierto, pronto será asimilado legalmente a las personas.

Las Fallas ya fueron objeto de la reprimenda de este Gobierno municipal por no utilizar el valenciano que ellos querían que se utilizase en llibrets y carteles y hasta a las falleras se les quiso aconsejar sobre el largo de la falda o la profundidad del escote. Sin entrar en la ideología de los presidentes. Y más: sumándose a la fiebre que invade a los ayuntamientos del cambio, ya se sugiere, en Valencia también, qué canciones no deben pincharse en las verbenas falleras por su mensaje.

Controlar hasta el más mínimo aspecto de la sociedad siempre ha sido propio del totalitarismo y por muy posmoderno que parezca no es nada nuevo. Ya vivimos en España no hace tanto tiempo un largo periodo donde la censura dominaba todo intento de libertad de expresión o de arte, bajo la excusa de la política, el sexo o la religión, que todo es válido para la policía del pensamiento. Ahora, bajo la excusa de lo políticamente correcto, quieren controlar las Fallas. Y detrás siempre hay organismos públicos con nombres tan largos como oscuros son sus cometidos.

Fotos

Vídeos