EL CONTAGIO CATALÁN

PABLO SALAZAR

Lo estamos viendo en Cataluña, sufriendo día tras día. La interesada construcción durante décadas de pujolismo de un relato nacional aboca al irrefrenable deseo de constituir un Estado propio que albergue a esa nación frustrada, oprimida, sojuzgada, maltratada e incomprendida por la España que «ens roba». Poco importa que gran parte de ese relato sea mentira o burda exageración de una realidad mucho más prosaica, muy poco épica. Por mucho que se empeñen en retorcer la historia, los catalanes que lucharon en la guerra de sucesión (que no de secesión) no lo hicieron por una Catalunya lliure i sobirana, por utilizar la populista palabrería de Pablo Iglesias. En realidad, muy pocos soldados saben por lo que luchan, tal vez ahora sí, pero desde luego no en el siglo XVIII, no entre gentes analfabetas que eran reclutadas a la fuerza. ¿De verdad quieren que creamos que morían en el campo de batalla en defensa de los Fueros catalanes, o de los valencianos? No me hagan reír. El relato nacional, cualquier relato nacional, tiende a la manipulación de los hechos para acabar sometiendo las voluntades. Si España nos roba, si nos quiere, si siempre nos ha despreciado y si encima los catalanes somos más trabajadores, más cultos y más europeos, ¿quién no va a querer sumarse al desafío independentista? Mejor no excitemos las pasiones y las pulsiones identitarias, que mira cómo acaban. Desde siempre he admirado al Athletic de Bilbao compuesto por jugadores vascos, aunque me haya acabado molestando la utilización que el nacionalismo ha hecho de esa política deportiva. Pero ese modelo no es propio de un Valencia que puede presumir de mitos de la terra, como Puchades, Claramunt, Fernando o Albelda, y de haber visto jugar y triunfar en sus filas a uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, Mario Kempes, argentino de nacimiento, o al mayor goleador de la selección, el asturiano David Villa. ¿Es por eso menos valenciano el Valencia? Si leo que la factoría de Ford en Almussafes programa tres turnos adicionales de producción hasta octubre por el tirón del Kuga ¿tengo que alegrarme menos porque Ford es una multinacional norteamericana aunque da trabajo directo e indirecto a miles de valencianos? ¿Debería celebrarlo mucho más si los propietarios fueran unos grandes empresarios valencianos que al final de cada ejercicio se embolsaran unos pingües beneficios? El legítimo orgullo de lo propio, la medida exaltación de valores y tradiciones por una comunidad no debe nunca confundirse con el esquemático discurso excluyente de somos los mejores tan propio de los nacionalismos. Mucho ojo, por lo tanto, con campañitas de propaganda que no llevan a ninguna parte salvo a constatar los riesgos del contagio catalán. Nunca mejor dicho.

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