Y EL CONSENSO ERA FONT DE MORA

La propuesta de ley de plurilingüismo es la ley que podría haber sacado el PP -y/o Ciudadanos- cuando gobernaba y que nunca hubiesen aprobado los partidos del Botánico cuando estaban en la oposición. En política, y menos en política educativa, no existe la propiedad conmutativa y por ello el actual orden de los factores abre la posibilidad como nunca al consenso político y social por las lenguas en la enseñanza, mientras que cuando el entonces conseller Alejandro Font de Mora propuso un modelo similar, salieron miles de personas a la calle en defensa de las líneas de valenciano.

En 2011, Font de Mora propuso el primer modelo calificado «plurilingüe» basado en dos premisas: reparto lingüístico a tercios de las horas de enseñanza y la sustitución de la doble línea por un único modelo. En la negociación, se recuperó la doble línea y se flexibilizó el reparto de las horas por lenguas, que es el Decreto de 2012 que está en vigor tras la suspensión del decreto del conseller Marzá.

Las diferencias de modelos son fundamentalmente técnicas y pedagógicas que son precisamente las más fáciles de consensuar. Lo difícil, lo inédito, es el pacto político, y la propuesta de ley lo podría propiciar. Lo hemos señalado en anteriores artículos: el campo de consenso está en un modelo de línea única que renuncie a la inmersión lingüística a cambio de generalizar un mínimo mayor de enseñanza en valenciano en zonas castellanohablantes. La duda honesta que esta propuesta de ley puede generar en la oposición es si acepta o no renunciar a la doble línea lingüística.

El Consell, por su parte, ha renunciado, ante la protesta del sur y el tsunami judicial, a sus postulados clásicos. Había poco remedio para el decreto de plurilingüismo a golpe de parches, por lo que otro nuevo hubiera evidenciado aún más las debilidades del primero. Duele a la memoria escuchar ahora para la ley los mismos argumentos ("el mejor modelo según recomendaciones de los expertos) que hasta ayer defendieron el plurilingüismo suspendido. La renuncia es técnica y política.

Como el presidente Puig con la consellera Montón en la polémica del IVO, los partidos que sustentan el Consell aparentemente han sentado al conseller Marzà en el banquillo, han asumido el mando sobre el plurilingüismo y nos introducen en un terreno ignoto para la negociación educativa. El debate clásico otorga el protagonismo a la discusión entre Administración y comunidad educativa, especialmente los sindicatos. Ahora, será entre los partidos. Por primera vez, es la Mesa Sectorial la que delega en Les Corts el liderazgo normativo en la Educación.

Esta fórmula nos sitúa en un panorama idóneo para entrever la posibilidad de que por fin haya consenso, que los partidos atraigan y convenzan a sus entornos sociales y educativos hacia un factor común compartible por todas las posturas.

El problema es que el tiempo político tampoco cuenta con la propiedad conmutativa y por eso esta ley es la propuesta que no hizo el Consell al inicio de legislatura ni -ojalá me equivoque- firmaría una oposición en sus postrimerías.

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