El Consell está lleno de ambidiestros

FERRAN BELDA

La creencia de que la consejera de Sanidad Carmen Montón es la excepción que confirma la regla de que el Consell es bipolar porque el PSOE es partidario de la colaboración público-privada y Compromís, no, es demasiado simple. Bipolares seguro que no, pero ambidiestros son casi todos los consejeros y no pocos secretarios y directores generales. La misma Conselleria de Educación que enarbola la bandera de la enseñanza pública con fervor y elimina el 13,8% de las aulas concertadas de bachillerato está sopesando de qué manera involucra a terceros en la construcción de colegios para que el gasto no compute como deuda. Lo confirmó Joaquim Puig en su última cita con cabilderos, de oca a oca: una fiesta de la Federación de Obra Pública de Alicante (FOPA). El Consell no cejará hasta lograr que Bruselas le autorice a privatizar escuelas antes de crearlas. A tener socios llamémosles tecnológicos que las construyan y exploten hasta que la Generalidad termine de pagárselas en cómodos plazos. Una idea en la que viene trabajando el equipo de Vicent Marzá casi desde que llegó a Campanar, según, esbozó, con más precisión que Puig ahora, un miembro de este departamento en febrero de 2016. La dificultad estriba en convencer a Hacienda de que esta operación de ingeniería financiera no incrementará la deuda del Estado, persuadir a la Comisión Europea para que la incluya entre los proyectos beneficiados por el programa de reactivación económica (el plan Juncker) y lograr que algunas constructoras se arriesguen a diversificar el negocio. Casi nada.

Puig manifestó en Alicante que uno de los objetivos del viaje que iba a emprender a continuación era ilusionar a Bruselas con esta idea. Mucho me temo que no lo logró, porque «luego, incontinente, caló el chapeo (...) fuese y no hubo nada». Ni una sola palabra del eco que se le prestó a este invento en la capital continental. Lo que sí que ha quedado mucho más claro, a partir de la confirmación de cómo piensa reducir Marzá el número de barracones, es que Compromís es una formación con principios. El hasta ahora portavoz del Bloc, Rafael Carbonell, no los comparte y ha dimitido. La culpa, sin embargo, es suya por no entender que a Compromís le pasa con los principios lo mismo que a Marx (Groucho). Si no le sirven, tiene otros. Y si éstos tampoco se ajustan a sus necesidades, como todas las consejerías son bicolores, tiene los de sus socios de Gobierno. Olvidémonos en consecuencia de encasillar a los partidarios y a los contrarios a la privatización de servicios en función de la pertenencia a tal o cual sigla porque la realidad es mucho más compleja. Más a favor que Mónica Oltra de continuar la colaboración del Consell con el IVO no se ha pronunciado ningún socialdemócrata. Y más partidario que Puig de tratar a los gestores del Hospital de Dénia como Jesús a los mercaderes del templo no se ha declarado Monzón. Ergo versos, no sé, pero sueltos hay muchos.

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