Conmigo o contra mí

Arsénico por diversión

Ni es inocente la manifestación ni lo es la visita de Bonig a Montoro justo unos días antes de celebrarse aquella

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Las manifestaciones se han convertido en garantías de fidelidad con las que los participantes deben demostrar su adhesión a la causa. A cualquier causa. Como los críos que hacen pactos de sangre juntando las yemas de los dedos tras hacerse un corte y creen que ese trasvase sanguíneo será para siempre jamás, así los convocantes ponen a prueba a los demás presentando su iniciativa como la más libre, abierta y bondadosa de todas. A ver quién es el valiente que se niega a asistir a un acto demócrata. ¡Qué digo demócrata... democratérrimo!

Su participación o ausencia retratarán a los invitados en un maniqueísmo sin matices que no deja opción: «conmigo o contra mí». Es lo que se vive en Valencia en las últimas semanas. Ir a una convocatoria o a otra etiqueta a un ciudadano, a una entidad cívica o a un partido político. Para unos y otros, su manifestación no va contra nadie. Al contrario, es la más inclusiva del mundo aunque los lemas y pancartas nieguen al otro y aunque se promueva contra alguien. Todas lo hacen. Nadie sale a la calle generalmente para aplaudir sino para exigir y, cuando se exige, hay alguien que hasta el momento no ha querido dar aquello que se demanda: la paz, la libertad, la identidad o el dinero.

Para quien se posiciona enfrente, la otra manifestación está radicalizada y se etiqueta así con términos como ultraderecha, en un caso, o extrema izquierda, en el otro. En ese contexto, intentar ponerse de canto es muy difícil por no decir imposible. Se puede decidir no ir pero ir sin que parezca o ausentarse sin que se note es de todo punto inviable. En esas anda Ciudadanos respecto a la manifestación del pasado sábado a la que no quiso sumarse para «no caldear el ambiente» y que siente ahora incomodidad con la que se avecina el día 18 ante la posibilidad de que algunos participantes exhiban pancartas por la independencia. La línea roja que señalan desde Ciudadanos es que se haga «un uso partidista» de la manifestación. Es entrañable. No hace falta esperar al día 19 para confirmarlo. Es una manifestación partidista por mucho que se venda como una petición transversal al margen de colores políticos a favor de la mejor financiación de la Comunitat. Ni es inocente la manifestación ni lo es la visita de Bonig a Montoro justo unos días antes de celebrarse aquella. Diríase que un político no sabe prescindir de la clave particular. Lo evidenciaba la respuesta del portavoz de Compromís: si hay alguna pancarta de ese tipo, entra dentro de la libertad de expresión. Sin duda, la libertad de gritar lo que quiera en la manifestación la tiene cualquier ciudadano que acude, pero ese lavarse las manos de los convocantes y poner el escenario para mensajes que no son aquellos bajo los que se ha invitado a otros es una pillería de primero de picaresca. Hacerse el sorprendido luego no va a resultar en absoluto creíble. Ni en quien convoca ni en los participantes.

Fotos

Vídeos