Confucio y la geopolítica

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

El protagonismo de China es cada vez más visible en la Comunidad Valenciana. Junto a los datos de la balanza financiera o deportiva están los datos del comercio popular y callejero donde las tiendas o comercios chinos ya forman parte de nuestra vida cotidiana. Junto a esta visibilidad comercial, hay una visibilidad cultural que apenas tenemos capacidad para percibir por la discreción con la que se practica. Si descontamos los días en los que la comunidad china sale a la calle para celebrar un año nuevo que no coincide con el nuestro, el resto de manifestaciones culturales es escaso y se limita al entorno de las propias familias chinas. Sin embargo, durante los últimos años, la geopolítica cultural china se ha hecho presente en la Comunidad Valenciana con dos importantes instrumentos aparentemente neutrales: el Instituto Confucio instalado bajo el amparo de la Universidad de Valencia y la Ruta de la Seda.

Parece lógico que el incremento de las transacciones comerciales exija una adecuada capacitación cultural y lingüística de los profesionales de las empresas, administraciones o instituciones que potencian los intercambios. A nadie se le ocurre cuestionar la necesidad y viabilidad de un instituto que facilita el aprendizaje del mandarín y la cultura china. Incluso parece lógico que no lo hayan llamado Instituto Mao Zedong o Den Xiaoping porque el nombre de Confucio tiene más fuerza para representar al pueblo, la cultura y la religión popular china.

Con la Ruta de la Seda estamos ante otro instrumento importante ligado históricamente a las tradiciones y prácticas del pueblo valenciano. Además de la Lonja de la Seda o al circuito de Turismo textil planteado como 'ruta de la seda', deberíamos ser conscientes de que en la estrategia geopolítica china se ha puesto en marcha la estrategia que desde Hu Jintao se ha llamado 'Nueva' Ruta de la Seda. Junto a la promoción de una red de infraestructuras viarias, portuarias y aéreas, el cinturón económico de la Nueva Ruta de la Seda tiene como finalidad unir China con Europa a través del Asia Central.

El ratificado líder Xi Jiping tiene la oportunidad de consolidar una nueva estrategia global alternativa al liberalismo occidental donde el puente entre la geopolítica y la geoeconomía se tiende a través de una geocultura enraizada en el propio confucionismo, reivindicando la armonía en todos los órdenes, incluso con el medio ambiente. En un clima de multipolaridad, este líder está revisando la estrategia desarrollista descrita por Den Xiaoping como «estrategia de los 28 caracteres»: «observar con calma, asegurar nuestra posición, hacer frente a los asuntos con tranquilidad, ocultar nuestras capacidades y esperar el momento oportuno, ser bueno en mantener un perfil bajo, nunca liderar la reivindicación, llevar a cabo operaciones de carácter modesto».

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