Conflicto europeo

Tienda de campaña

No creo ni en la casualidad de un tipo que declara ante el juez y lo sientan junto a la ventana

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Un comentario quisiera hacer a quienes mandan la bobadita esa de Puigdemont transformado en 'Manneken pis': no os fieis. No caigáis en la trampa, no dejéis el mentón al descubierto. Porque el tipo parece memo, pero en realidad es malo. Y a lo peor su apariencia de patético oculta su cualidad de malvado. Ay qué risa, María Luisa, verlo escondidito entre coles de Bruselas. Pero atención, que tiene una capacidad de maquinación notable, lleva largos años preparando su estrategia y sabe lo que quiere hacer, paso por paso, para causar todo el daño posible al prestigio exterior de España y a la democracia constitucional de 1978, que es la que quieren reventar para conseguir sus propósitos.

Cansada ya, la prensa se ha puesto a esperar las elecciones sin desbrozar todo lo que Puigdemont y su equipo han venido preparando en los últimos cinco años para armar un 'procés', un golpe de estado blando, que no busca tanto la república catalana independiente como la desestabilización política a institucional de España y de Europa. Por eso el largo deseo de internacionalizar el conflicto y la maquinación de que unos se quedarían aquí y otros se irían a Bruselas. No a París o Dublín; no a Caracas o Managua, sino a Bruselas. Donde el suelo está abonado y llueve. Donde está el núcleo de prensa y políticos que más daño van a hacer a la estabilidad del continente.

No, no creo en la espontaneidad de Puigdemont. Ni en que se le haya enfadado Junqueras. Por creer no creo ni en esa curiosa 'casualidad' de que declarara ante el juez, y su señoría lo sentara justo al lado de la ventana... donde las agencias de prensa del mundo le iban a sacar insinuantes fotos.

Porque esa es otra: la internacionalización del problema catalán pasa por un espinoso sendero de sospechas, tópicos, prejuicios, mentiras a medias cargadas de morbo de las que España y su diplomacia no han sabido salir, y bien que lo siento, desde los tiempos de Castiella. En efecto, Puigdemont y los suyos, que tanto han abonado con dinero público ese suelo, saben que el periodismo europeo tiene construida una imagen de adustos guardias civiles con tricornio, libertades dudosas, flamencas de pelo negro, democracia tutelada, hombres sin afeitar prestos a la violencia y políticos represores con bigotito a lo Sazatornil, que era un gran actor, catalán por cierto.

Es muy difícil construir una Europa sana y nueva sin esa inmundicia de los tópicos en la que crecen y chapotean dos hermanos gemelos, la extrema derecha antieuropea y el nacionalismo. Y Puigdemont, que lo sabe perfectamente, se ha enrocado en ese nido de las flaquezas europeas que es Bruselas, para dar su batalla. Lo tenía medido y previsto. Lo ha organizado largamente, junto con los suyos, dentro de un plan urdido antes de salir por la frontera. Lo que no sabemos es cuánta parte del plan conocía el CNI y cuánta le están dejando hacer. Pero se sabrá.

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