SE CONFIRMA NUESTRO DERECHO A SOÑAR

FERNANDO GÓMEZ

La mayoría de veces porque lo hace bien en general, mejor que el contrario. Otras porque defiende de manera superlativa, las menos. Otras porque marca más goles que el rival, bastantes más además, y otras por efectividad, eficacia o pegada, como quieran ustedes llamarlo: el Valencia siempre gana.

Y ayer en Mestalla ocurrió eso, una de esas ocasiones, uno de esos partidos en los que el Valencia logró ganar sin convencer totalmente. O al menos sin mostrar esa superioridad que, a priori, debe plasmar sobre el terreno de juego cuando el opositor es el Leganés, y tu situación y marcha en Liga es la que es, extraordinaria.

Un encuentro raro. Todos nos alegrábamos de la victoria del los nuestros, pero todos reconocíamos los méritos del equipo visitante. Partido de dudas, inquietud, inseguridad, falto de intensidad, concediendo demasiado y provocando muy poco, resuelto por el acierto de un equipo, el Valencia, cuyos delanteros han costado sesenta millones de euros y de alguna manera, evidencian esa diferencia abrumadora en relación a lo que el Leganés es capaz de optar. Y las cosas están así, el Valencia compite de escándalo contra el Real, Atlético o Barcelona y puede sumar, pero el Leganés compite de forma excepcional contra los nuestros y se lleva tres. El gol significa dinero, y las diferencias económicas siempre son y serán más considerables entre clase media la y clase baja, que entre clase alta y clase medio alta. No es lo mismo poder tener un delantero de treinta o de veinte, que uno cedido o libre, pagándole lo que buenamente se puede. Y el partido de ayer fue el reflejo de ello.

El Valencia no mereció ir por delante en el marcador al descanso. Un solo lanzamiento entre palos, y tras una falta. Ellos dos oportunidades infalibles de gol y alguna más, que por un mal control desperdiciaron. Y precisamente esa ventaja al descanso fue lo que provocó un desarrollo más favorable para el Valencia en la segunda mitad, en la que el Leganés también comenzó bastante bien, pero jugando mucho más abierto y dejando esos espacios que tan bien aprovecha este Valencia. A nivel individual y sin dejar que el resultado influya en nuestro punto de vista, no destacaron demasiados jugadores. Y si hablamos de lo bien que estuvieron Neto, Garay y Murillo, mal asunto, señal de que ellos atacaron bastante. Poquito de los demás, tan solo Rodrigo en la segunda parte, y durante quince o veinte minutos destacó. De los demás lo mejor que se puede decir es que cumplieron. El segundo de la tarde dejó sentenciado el choque, y con el tercero se confirmó nuestro derecho a seguir soñando. Aun así, partido para analizar internamente y mucho. Dificultades en ataque posicional, o cómo saber entrar en una defensa cerrada, profundizando y haciendo más en los últimos treinta metros, malas transiciones defensivas a pesar de no estar muy acertados y concediendo demasiado. Nos servirá para mejorar. Una nueva victoria que nos separa de competidores y nos mantiene cerca de la cabeza. Como siempre digo, corregir desde la victoria siempre es más fácil. A continuar así.

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