EL COMODÍN DE LA FIGURA DE CALIDAD

VICENTE LLADRÓ

Casi siempre que se trata de tomar decisiones o emprender acciones para intentar enderezar algún sector agrario en crisis, una de las conclusiones que salen enseguida a la palestra es la de crear una figura de calidad. No falla. Se le dan vueltas y más vueltas al asunto, nadie atina de verdad en acciones concretas que sirvieran de auténticos revulsivos, y se acaba desembocando en la salida acostumbrada, lo más manido en los últimos tiempos: una figura de calidad. Antaño, el consejo más habitual era el de unir empeños, ganar tamaño a base de sumar, crear una cooperativa... Era lo más fácil que se le ocurría a cualquiera: ¿Por qué no os unís y formáis una cooperativa?, soltaba a media cena el más teórico del grupo, en el convencimiento de que soltaba una idea totalmente nueva, que a nadie se le había ocurrido. En la actualidad no sale nadie a proponer una nueva cooperativa, no está de moda, no toca, pero sueltan el comodín: lo de la figura de calidad, y lo mejor del asunto es que cuela, el respetable se queda la mar de complacido, como diciendo: ahora sí que hemos dado en el clavo de verdad, vais a ver cómo cambia esto en poco tiempo.

Pero ¿qué es eso de una figura de calidad? Se entiende por tal una denominación de origen (DO) o una indicación geográfica protegida (IGP) y se emplea la propuesta del término como placebo que trata de enmascarar males mayores y permite ganar tiempo.

Se utiliza a discreción. Por ejemplo: ¿qué hacemos con la huerta? Primero protegerla. Ya está. ¿Y luego? Los productos no se pagan, la producción se ha trasladado a lo grande a otros lugares, las explotaciones agrarias son pequeñas, los agricultores que siguen activos tienen poca base territorial y escasa oportunidad para ampliarla, los jóvenes se van porque no hay rentabilidad y quieren cobrar a final de mes, los consumidores son urbanos y compran masivamente en los supermercados, y las cadenas de supermercados compran sobre todo a otros proveedores, porque lo primero que exigen es suministro continuado y uniforme.

¿Qué hacer, entonces?, ¿cómo romper tan endiablado círculo? Nada, los consultores teóricos de despacho lo tienen claro: se creará una figura de calidad. Hala, todo arreglado, ya se pueden ir todos a dormir tranquilos.

Otra. En La Plana se perdió el año pasado la mayor parte de la Clemenules. Este año se ha recogido toda, pero los precios tampoco han despuntado como para compensar la merma. ¿Qué hacer? Pues nada, una figura de calidad que todo lo arreglará. 'Clemenules de La Plana', dicen unos, y en Nules hay productores que defienden la 'Auténtica de Nules'. En la Conselleria de Agricultura les dicen que bien, que traigan estudios, a ver si lo ven viable. ¿Cabrá diferenciar una Nulera de un sitio y de otro? ¿Se llevará antes un alemán la Nulera de Nules que la de Vall d'Uixó? ¿O las de La Plana y rechazará las del campo de al lado, ya en Sagunto o Benavites?

El problema principal de la Nulera es que, a diferencia de antaño, ahora sólo tiene dos meses de comercialización, pero es por culpa de los pies actuales. ¿Volvemos al pie amargo que mata la Tristeza? A lo mejor en muy pocos años tenemos la sorpresa de una gran mortandad de árboles de Nulera -por incompatibilidad patrón-variedad- que ya empieza a verse y llega a faltar lo que venía sobrando.

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