Comité de crisis

MANUEL ALCÁNTARA

La CUP promete borrar de Cataluña a todo español y, de paso, llevarse por delante a Artur Mas. La llamada ‘izquierda independentista’ ha lanzado su campaña de desobediencia para el referéndum de octubre y, de momento, ya tiene el lema: "Barrámoslos". Lo han presentado en un vistoso cartel que muestra a una mujer atareada en las faenas de limpieza. Su propósito confesado es echar al Rey, a Mariano Rajoy y a Florentino Pérez. Se trata de derruir el sistema político, aprovechando que está en tenguerengue. El decreto que prohíbe los patines eléctricos para los visitantes en el centro de Barcelona está irritando incluso a los que viven en el extrarradio, mientras el presidente de Castilla-La Mancha sigue diciendo que a Rajoy hay que echarlo sacando más votos que él, no a la fuerza de pactos mentirosos.

El programa de festejos de agosto garantiza que no nos vamos a aburrir, cada uno con su abanico. Al que el felizmente olvidado cardenal Segura llamaba «prenda frívola» desde su púlpito sevillano. No pasaron calor, aunque las pasaron canutas. A él aludió Ortega y Gasset, si bien sin citarle por el nombre cuando dijo «si será bruto ese cardenal, que jamás ha dudado de la existencia de Dios». Ahora de lo que dudamos es de la existencia de los aeropuertos. La pandemia se ha extendido y el conflicto de El Prat se ha propagado a otras ciudades como Santiago de Compostela y A Coruña. La persecución del turismo puede acabar con los viajeros que siguen viniendo a ver cómo lo pasamos, mientras el Gobierno arremete contra los huelguista y toma el control de los aeropuertos. A la gallina de los huevos de oro la estamos dejando sin cresta. Según el Ministerio del Interior, «la situación es terrible». En los aeropuertos hay más guardias civiles que maleteros y Puigdemont califica de «miserable» la campaña de los antisistema. Son muchos. Casi todos.

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