EL COLOR DEL DINERO

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

En el Valencia, el color del dinero es diferente según quien lo pronuncie. Preocupa la ausencia de un discurso único pero más alarmante es el continente de las respuestas a las preguntas de los periodistas. El director general, Mateo Alemany, antes del partido ante el Sporting de Portugal en Martigny, engordó su sorpresa al ser cuestionado sobre si había dinero o no para fichar jugadores para reforzar al equipo. Puso cara de pez, como si no conociera la situación real de la entidad y fuera ajeno a las intenciones de la propiedad. Postureo. Sería preocupante que con cien días en el cargo, el director general se desmarcara ya de opiniones y decisiones que quizá no comparte pero que, guste o no, toma el que manda en el club. La opinión de Alemany pesa pero al final del camino aquí el que decide es Peter Lim, como siempre ha hecho desde que llegó. Que nadie se sorprenda. Marcelino, que ha sabido poner en vereda a una plantilla destrozada por el pasado, asegura que en una entrevista en Diario de Mestalla que a él nadie le ha dicho que no haya dinero para fichar, aunque el técnico es consciente de las limitaciones presupuestarias de la entidad y por eso pide que del gasto que se pueda hacer se traiga lo mejor. Hace tres años se vendió un Valencia de talonario, de grandes fichajes, de excesos permitidos y de potencia continental para mirar a la cara a los equipos instalados por norma en la Champions. Hoy, la realidad ha llevado a la entidad a ventas casi regaladas para ahorrar fichas, a no poder comparecer en el mercado para echar pulsos a aquellos equipos que optan por los mismos jugadores y a aspirar a refuerzos cedidos para completar una plantilla en la que todavía existen jugadores con sobreprecio como imagen de un pasado cercano que nunca fue mejor. El valencianismo se ha tirado a los brazos de un entrenador valorado, serio y con currículum ante la falta de jugadores que ilusionen en la que es la última oportunidad de Lim para reflotar la que decían que era la mayor transacción 'del mundo mundial'. La grada busca su clavo ardiendo.

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